Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, nº 160
I.S.B.N: 979-13-87751-38-8 290 páginas 17€
Prologo de LUIS ALBERTO DE CUENCA
Este volumen póstumo de Luis García
Arés se nos revela como el vértice donde converge su legado
lírico. A través de sus páginas, el lector se embarca
en un viaje donde la cultura clásica y la hondura espiritual
se abrazan en un diálogo eterno. Desde la serenidad de los mitos
griegos hasta la calidez de los afectos cotidianos y la fe más
profunda, estos poemas son un refugio frente al ruido y la prisa del
mundo contemporáneo.
En un tiempo de versos fragmentados, García Arés recupera
la autoridad del soneto y la musicalidad del romance con una precisión
de orfebre. Es una obra que nace del contacto con los verdaderos maestros;
en donde no se ha pretendido una originalidad vana, pues el autor sabía
que nadie es dueño absoluto de su voz. Consciente de que su poética,
tanto por temática como por estructura, no encaja en las corrientes
actuales, el autor apuesta por la intemporalidad frente a la moda.
La arquitectura de este libro sigue un orden vertical: una temática
que, partiendo de Dios como fuente de toda poesía, desciende
hacia la Naturaleza y atraviesa el interior del hombre. Cada rima y
cada acento actúan como los hilos de un tapiz minuciosamente
urdido, donde el rigor formal es el cauce perfecto para dotar de cuerpo
a la idea.
Atenea Pensativa es el encuentro con un hombre que supo mirar
la vida con la pureza del sabio y el asombro del niño. Una obra
reveladora para quienes buscan en la poesía algo más que
palabras: una verdad que perdure; la prueba de que el pensamiento, cuando
se hace verso, es capaz de detener el tiempo.
LA ROCA DE SÍSIFO
Esa mítica roca, con vocación de altura,
que Sísifo se afana en vano por subir,
quizá de roca tenga tan sólo la figura,
y el peso con que abruma es, por propia natura,
aquél que cada hombre la quiera atribuir.
Asciende con trabajos el monte de la vida
y rueda por su falda en más de una ocasión;
si sube, baja luego, pues bajada y subida
son el flujo y reflujo de esa mar escondida
que alienta en nuestra alma con nombre de ilusión.
El descenso del monte abre paso a un mañana
que permite de nuevo el ascenso emprender;
es la lucha incesante de la ilusión humana
por llegar a una meta, hoy de por sí lejana,
mas presentida cerca tan solamente ayer.
Si a Sísifo los dioses quitaran su condena
y accediera a la cumbre tras de mucho rodar,
cabría preguntarle si le valió la pena
subir hasta la cima en pos de una sirena
que, cuando se la logra, suspende su cantar.
Hay empero una Roca de muchos ignorada,
y sólo quien la carga conoce su valor;
es ligero su yugo, casi no pesa nada,
y alumbra los caminos, una vez aceptada,
porque el ser que la informa no es otro que el Amor.
Llevados de su mano, fiados de su guía,
al doblar de la vida el recodo final,
veremos el paisaje, quizá soñado un día,
de cumbres que realzan con nieve su armonía,
islas altas que emergen de entre un mar de cristal.
PENÉLOPE
Para Alicia Penélope Arés
Tejer y destejer; ése es mi juego,
cercado, como tú, por pretendientes:
hidras deformes, monstruos y serpientes
en pos de un corazón que yo les niego.
No llevan, no, hermoso nombre griego;
son el oro, el poder y las ardientes
pasiones del amor, que a tantas gentes
abrasan y consumen con su fuego.
Tejedora, Penélope, de ensueños,
cuando a la noche desanudes hilos
y en mi tapiz vital queden dispersos,
trata de conservar esos pequeños
hijos que yo alumbré, dulces, tranquilos
y que, recuerda bien, fueron mis versos.

(Ávila, 1934 2013). Poeta, traductor
y humanista. Su voz literaria, forjada en la precisión del clasicismo
y una profunda espiritualidad, encontró en el soneto su cauce
natural, dejando obras de referencia como Sonetos interiores,
El Santo Rosario en sonetos, Versos
para la Navidad o Gratia
plena . Explorador de otros géneros, transitó
la narrativa en su novela Do ut des y ejerció como
puente entre lenguas al traducir con maestría la lírica
de Alfred Tennyson y la narrativa de Edgar Allan Poe.
Políglota y bibliófilo de mirada refinada, atesoró
una de las colecciones más singulares en torno a la figura de
Santa Teresa de Jesús, Gustavo Adolfo Bécquer o primeras
ediciones poéticas. Su compromiso con la cultura y la ética
culminó en 2006 con la fundación, junto a su hija Alicia,
de la editorial Cuadernos del Laberinto, sello que hoy custodia y expande
su inabarcable amor por los libros.
Una voz imprescindible para entender la poesía de línea
clara, esa donde la transparencia y el rigor formal no son un límite,
sino el cauce para una profundidad sin estridencias. El triunfo de la
palabra precisa sobre el adorno vacuo.
No podía ser otra. Tenía que
ser Atenea o Palas Atenea, la diosa de la sabiduría. La que nació
completamente armada de la cabeza de su padre, Zeus. La que recibió
en Roma el nombre de Minerva. La diosa de la guarda del abulense Luis
García Arés (1934-2013), a la que consagró buena
parte de los casi ochenta años que le tocó vivir. En otros
prólogos pretéritos he insistido en su hombría
de bien y en su capacidad para captar la música del verso clásico,
de ese verso que se trajo Boscán de su vis-à-vis granadino
con Andrea Navagero y que tanto brilló en nuestros Siglos de
Oro. Fue Atenea quien le prestó la sabiduría necesaria
para que manejase los distintos metros de nuestra poesía con
la habilidad del más mañoso de los orfebres, y no me extrañaría
que Hefesto, también conocido por Vulcano, hubiese contribuido
desde su forja a impartir lecciones de metalurgia lírica al futuro
poeta en su adolescencia, enseñándole el arte de convertir
en preciosos diamantes en verso los carbones prosaicos que alberga el
diccionario.
En esta ocasión celebramos la aparición de un volumen
póstumo de Luis García Arés con ínfulas
justificadísimas de ocupar un lugar importante en sus opera
omnia lyrica (ese marbete latino tan machadiano). La hija de Luis,
Alicia, que vivió en la casa familiar desde niña en compañía
de las musas que inspiraban a su padre y que se codeaban a diario con
los demás miembros del clan, ha querido compartir el hallazgo
de un libro inédito que su padre había dejado al morir
perfectamente armado, tal y como Atenea vino al mundo, surgiendo de
la testa privilegiada de su padre, Zeus. Un libro repartido bajo distintas
etiquetas que, aunque figuren en el índice, vale la pena repetir
aquí en atención al acierto de su formulación.
Son «Bajo otra luz», con sus tres sonetos odiseicos y su
tríptico de las Moiras; «El entorno amable», que
incluye versos dedicados a Beatriz, su esposa, a sus hijos y a sus deudos
y amigos más cercanos, y «Silva», repartida en una
sección de paisajes, otra dedicada al mundanal ruido y una tercera
en la que se dan cita los tres autorretratos que constituyen «Mundo
interior»). Los epígrafes finales se titulan «Retorno
a las fuentes», «Trovas de vida» y «Del tiempo
a la eternidad».
Me complace acompañar una vez más al buen padre de mi
buena amiga Alicia, a quien quiero y aprecio como si fuera de la familia.
En esta ocasión, queridos lectores, vais a tener ante vuestros
ojos una nueva entrega, inédita hasta hoy, de la producción
poética de Luis. Leedla despacio, abriendo el libro al azar,
como deben leerse los libros de poesía. Vais a leer los poemas
de un hombre que olvidó publicar estos versos al irse a vivir,
en 2013, a su nuevo hogar en las estrellas. El mismo hogar donde encontró
a sus autores favoritos, desde santa Teresa a Edgar Poe, desde Lope
a lord Tennyson, pasando por Bécquer (aún más idolatrado
por su hija, cuya biblioteca está repleta de libros becquerianos).
Los grandes escritores que le dio a conocer de niño Atenea, la
diosa de la sabiduría, y que ahora le hacen compañía
et nunc et semper en el paraíso.
Madrid, 26 de marzo de 2026