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Luis García Arés

Luis García Arés

(Ávila, 1934 - 2013). Poeta y co-fundador de Cuadernos del Laberinto.
Entre su producción cabe citar Sonetos interiores (Madrid, Vassallo deMumbert, editor), El Santo Rosario en sonetos (Ávila, edición del autor), Gratia plena y Versos para la Navidad (estos dos últimos en Cuadernos del Laberinto). Asimismo ha traducido a Edgar Alan Poe y poesía inglesa de Alfred Tennyson, y ha realizado una incursión en el terreno de la novela con la obra Do ut des.

En Cuadernos del Laberinto puedes encontrarlo en Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, AMOR, Poesía amorosa contemporánea, Versos para la Navidad, Gratia Plena y Crossing the bar

—In memoriam— LUIS GARCÍA ARÉS
Poeta y co-fundador de Cuadernos del Laberinto

Se nos ha ido un hombre bueno y buen poeta. Quizá la razón primordial por que supo componer buenos versos fue de él estuvo siempre imbuido bondad. Gozó una enorme riqueza interior impregnaba cuanto era hacía. Aunque dispuso enormes valores, apartó cualquier atisbo vanidad ajetreo en búsqueda honores. Evitó el ruido, los aplausos, oropel fama sólo hoy, cuando duele su marcha definitiva, somos muchos percibimos toda grandeza talla persona deja hueco insustituible corazón, pues privilegio conocerle contar con afecto.

Luis García Arés había nacido en Ávila. De aquí eran sus antepasados. Uno de sus abuelos fue cofundador, en 1888, del "El Eco de la Verdad", antecesor del "Diario de Ávila". Luis cursó sus primeros estudios en nuestra ciudad y luego se graduó como Contador del Estado. Fue destinado a la Delegación de Hacienda de las Palmas y, tras residir allí un año, retornó a la ciudad que le vio nacer, donde pasó el resto de su vida laboral. Dio también clases de matemáticas e inglés, leyó muchísimo y pronto tuvo necesidad de convertir en poesía el lirismo que atesoraba en su alma. Compuso deliciosos poemarios como "Sonetos interiores", "El santo rosario en sonetos", "Gratia plena", "Versos para la navidad", etc. Tradujo al castellano obras de Alfred Tennyson y de Edgard Allan Poe. Ha dejado una obra inédita, de próxima aparición, que se publicará con el título de "Atenea pensativa".

Era un hombre de recias convicciones, pero sin fanatismos, pues le gustaba compaginar la tolerancia hacia los demás con la profundidad de sus propias ideas. Cuidaba la palabra y disfrutaba del don de la sencillez, del don de la belleza en sus metáforas, del don de hacer fluidos y cercanos sus pensamientos. Vivió fascinado por "el arcano" de la existencia, como él llamaba a los misterios insondables con los que nos topamos los seres humanos desde nuestro primer vagido hasta el último aliento.

Además del amor a su esposa Beatriz y a sus cuatro hijos, amó profundamente a santa Teresa de Jesús, a la que consideraba el personaje histórico de sus preferencias. Se interesó por los libros, tanto antiguos como modernos, y formó una valiosa biblioteca de muchos miles de ejemplares. Le gustaban las antigüedades, el arte, la astronomía y la ciencia, pues poseía un delicado espíritu renacentista que le llevó a sentirse atraído por múltiples temas. Otra de sus inquietudes fue el bienestar de los animales, fundando en 1994 con su hija Alicia, con Concha Pedrosa, Gabriel Téllez y Concha Macho la Asociación Protectora que sigue existiendo todavía hoy en esta provincia.


Tras jubilarse en la Delegación de Hacienda de Ávila, se entregó con entusiasmo a la enseñanza en el Centro de Cultura Popular, donde gozó impartiendo conocimientos a personas mayores que no habían tenido la posibilidad de formarse académicamente en los años jóvenes.

Que descanse en paz este hombre excepcional, sencillo, valioso y exquisito. Y que su familia reciba desde aquí la condolencia más sentida de cuantos llevaremos en el corazón los profundos surcos de luz que la palabra y la figura de Luis García Arés nos han dejado para siempre.

(Adolfo Yáñez)


La muerte de Luis García Arés me toma por sorpresa al tener conocimiento de ella varios días después de haberse producido. Soy uno más de los que lamentan el final de una vida honrada y generosa, porque Luis es y será uno de los grandes de Ávila a pesar de la modestia con la que ocultaba pudorosamente su valía.

Un intelectual poliédrico e incansable en la búsqueda del saber. En este aspecto, podría reiterarme y no añadiría palabras más certeras que las escritas por Adolfo Yáñez en la necrológica de nuestro común amigo.

Por eso, sin menoscabo alguno de su personalidad de hombre sabio que pretendía ir de puntillas y sin glamures por la existencia, los recuerdos más entrañables que poseo de él provienen de su sólida creencia en los derechos de los animales. Lo conocí a principios de los años noventa en aquellas reuniones con Concha Macho -la iniciadora de todo-, Concha Pedrosa y otros queridos compañeros para crear la Protectora de Animales de Ávila, y después en otras muchas citas similares para sacar adelante el proyecto. No fueron tiempos fáciles para conseguirlo. Los perros y gatos abandonados o crecidos sin el menor amparo constituían una imagen frecuente en las calles de Ávila, siempre con un halo de tristeza y necesidad tras de sí. O sobre sí. Se comenzó de cero en aquellos dos improvisados refugios que socios también tocados por la generosidad -me estoy refiriendo a Concha Pedrosa y a Pedro- pusieron a disposición de la Protectora. En ese ambiente tuve los primeros contactos con Luis, que empleó sus dotes en la contabilidad para hacerse cargo de la paupérrima tesorería de la asociación.

Luis García Arés debió ser un padre satisfecho porque hizo una familia con unos hijos la mar de creativos y luchadores en defensa de los animales; especialmente Alicia, que lo mismo bregaba en el mantenimiento de los refugios que en la organización de mercadillos a beneficios de los acogidos de los recintos o en lo que hubiera menester. Cuando el número de perros era tal que ya no se podía dar una atención especial a los que habían llegado con lesiones o alguna enfermedad, sacaba de los refugios a los más débiles para llevárselos a Navaluenga a pasar el verano con él, su mujer y los hijos que continuaban en Ávila. Y ocurría, siendo esta familia como es, que bastantes de aquellos canes que sólo se toparon con la desgracia hasta entonces, se quedaron definitivamente, no sólo el verano, para compartir la vida de Luis. Fueron bastantes porque ya arribaron maltrechos y viejecitos, y algunos no tuvieron demasiado tiempo para disfrutar del consuelo de este linaje de benefactores. Son incontables las veces en que, por la mañana y camino del trabajo, saludaba a Luis cuando realizaba la primera salida con sus protegidos en el Paseo de Don Carmelo.

Aunque era de naturaleza apacible, le brotaba la indignación cuando la canallada se llama toro de Tordesillas, galgos y perros de caza asesinados por los propios dueños al término de la temporada de sangre y plomo, la negrura despiadada de los espectáculos taurinos o la injusta vida de presidiarios perpetuos de los animales de los circos. Por todo esto y por tantas iniquidades más, se alegró al saber de la existencia del PACMA en Ávila.

En más de dos decenios nunca oí ni el más mínimo comentario negativo sobre su persona, y ya es difícil que de un modo u otro no aparezca algún contradictor insidioso. Pero así son los tipos geniales a los que, además, les viene como un guante el parafraseo machadiano de “era un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno”. Luis siempre me recordó a mi padre.

Sus dos últimos años estuvieron marcados por las secuelas de dolor y las limitaciones causadas por el estúpido e incomprensible atropello que sufrió mientras cruzaba un paso de peatones bien señalizado. En la hora del adiós, los sin voz de todos los refugios, los galgos y los toros, los tristes animales presos en los circos y los pájaros del cercano parque habrán guardado un silencioso homenaje para el que siempre tuvo para ellos una mirada con superávit de bonhomía.

(Gabriel Téllez)



Homenaje a Luis García Arés
"Madrigal"
(poema leído por Enrique Gracia Trinidad)


Homenaje a Luis García Arés
"Tu mano"
(poema leído por Enrique Gracia Trinidad)


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