Coleccción Nebulosa, nº13
I.S.B.N: 979-13-87751-45-6
66 páginas 16,00 €
Prólogo: Ana María Cuervo de los Santos
<<LA CENTRAL>>
<<FNAC>>
<<AMAZON>>
<<CASA DEL LIBRO>>
Pudiera parecer que Mapas para extraviarse
detrás de uno mismo es un libro de relatos, sin embargo Daniel
Bolado no se conforma con contar historias, sino que, en muchas ocasiones,
el texto se carga de un trasfondo filosófico que nos invita a
meditar sobre nuestra propia vida, sobre nuestro yo adormecido, escondido
en algún lugar remoto [...]
Descubrimos ya esas reflexiones desde la primera página, en el
aforismo que precede a la obra, los sueños nos sostienen como
al cojo su cojera, reveladoras palabras que dibujan el inicio del camino
por el que nos llevará el autor, un mundo que oscila entre la
realidad y lo onírico, entre lo material y la ensoñación.
(Ana María Cuervo de los Santos)

Nacido en México. Ha vivido en varios
países como Grecia e Israel antes de residir en España.
Autor de Leyendas
topográficas (Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2023)
Ha colaborado en revistas, periódicos y participado con su textos
en radio y cine. Sus libros Fragmentos y fantasías y De
cómo introducir un cadáver en un bolsillo fueron publicados
en México por la editorial Taller Ditoria. También aparece
en la Antología
de literatura mínima de la editorial Cuadernos del laberinto.
LA VENTANA OCULTA
En una isla remota, hay una vieja que no hace otra cosa en el día
que abrir milímetro a milímetro su ventana hasta que llega
la noche y comienza a cerrarla poquito a poco esperando el amanecer.
Se parece al ciempiés, que hace siempre cien veces lo más
sencillo, como dar un paso.
EL OLOR DE LOS SUEÑOS
¿Canibalismo emocional el amor?
Los caníbales son de pocas palabras. Les obsesiona tanto el masticar
que, en cuanto empiezan a pronunciar, las palabras se quiebran antes
de llegar a comprenderse.
Uno que logró escapar con vida de sus mandíbulas contaba
que entre ellos había una niña, nacida con el cordón
umbilical alrededor del cuello, que todas las noches se acercaba a los
durmientes y los olfateaba para saber el lugar en el que estaban durante
el sueño. Le dijeron, o eso creyó entender, que si las
manos no le crecían al tocar la piel de esta niña significaba
que las uñas ya le crecían hacia dentro. Por desgracia,
no pudo confirmarlo, pues era manco de ambas extremidades.