
Regreso
a ti explora temas como ausencia, el amor, la muerte,
la identidad, la nostalgia y el paso del tiempo. ¿Cómo
describiría su estilo literario; y qué mensaje principal
espera transmitir a sus lectores?
Estos son los temas más corrientes en la poesía.
Yo los he versificado en varias ocasiones, pero sin intentar transmitir
ningún mensaje. Creo que la poesía es algo muy personal,
nace de los más íntimos sentimientos del escritor y cada
uno los versifica desde diferentes puntos de vista y de acuerdo a cómo
se vivió esos momentos. El dolor en la poesía del peruano
César Vallejo, no suena igual que el de la gallega Rosalía
de Castro o el de la argentina Alfonsina Storni, porque cada uno de
ellos lo describió desde su propia llaga. El dolor de Vallejo
suena a desesperación, el dolor de Rosalía es romántico
o melancólico y el dolor de Alfonsina es el puro dolor de la
soledad.
Por ello, más que mensaje con la poesía lo que sí
puede haber es semejanza entre lo que describe el poeta y su lector.
Quizás, en alguna ocasión, el lector se haya sentido identificado
con algunos de los temas que el poeta aborda. Y en este caso, es cuando
el poeta ha conseguido el pleno total: conectar con su lector, llegar
a él y hacerle partícipe de su historia.
¿Podría hablarnos sobre
cómo eligió este título y cómo se relaciona
con los pliegues de la memoria que derrama en sus versos?
Soy muy mala a la hora de titular un poemario o una novela.
Ha habido libros que, estando terminados, han tenido que esperar un
tiempo para que el título llegara. Pero en esta ocasión
no he tenido ese problema. Me vino mientras escribía los poemas
y al comprender que estaba desandando el camino que un día hice
para encontrarme con la persona amada. Lo que más me gusta del
título es la importancia que para mí encierra el pronombre
`ti´, al representarme no solo al hombre con quien viví
media vida, sino también a cuantas cosas hicimos juntos, que
fueron muchas.
Todos tenemos la memoria surcada de pliegues, donde se encuentra adormecida
nuestra vida ya vivida. Todos hurgamos en esos pliegues para recuperar
el pasado y cuanto más mayor somos, más regresamos al
ayer con el pensamiento. Lo que ocurre es que el poeta es esa persona
que, además, versifica su pasado doloroso o feliz, lo saca de
la oscuridad y lo escribe.
¿Cómo se siente acerca
de la publicación y la recepción de su obra? ¿Le
preocupa la crítica?
Es necesario publicar. De nada vale un libro si, una vez escrito,
lo guardamos en un cajón. Todo arte debe darse a conocer, aunque
tengamos la certeza que no va a interesar a nadie o a casi nadie. Pero
ese es el riesgo que debe correr el autor de cualquier obra. Lo que
ocurre es que publicar es caro y el editor solo concede al autor el
día de la presentación del libro. Luego, lo olvida y se
va en busca de otro autor. Debido a ello, yo aconsejo al joven autor
que se presente a premios. El premio no da la gloria ni soluciona problemas
económicos, pero sí te publica el libro.
En cuanto a la crítica: yo intento escribir de la mejor manera
que sé hacerlo y procuro que cada poemario sea diferente al anterior
editado. Dicho esto, aclaro que yo soy mi principal lector. Yo escribo
para mí, sobre lo que me mueve en ese momento sin pensar en la
crítica y ni en el lector. Creo que crítica y lector deben
venir después cundo el libro esté concluido.
¿Cómo defines el éxito
como poeta?
No puedo definir el éxito como poeta porque no me ha llegado.
Para mí, el mayor éxito sería que un lector anónimo
abriera un poemario mío y, tras leerlo, recordara mi nombre y
algunos versos, durante algunos días. Nuestra poesía está
llena de versos geniales que han pasado a la historia y han dado la
gloria a sus autores. Todavía recordamos las golondrinas de Bécquer:
Volverán las oscuras golondrinas / en tu balcón sus nidos
a colgar. Y nadie lo ha vuelto a olvidar. Antonio Machado es otro ejemplo
con: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / Caminante,
no hay camino, /se hace camino al andar. Y por elegir a otro poeta más,
elijo a Pablo Neruda que dijo: Me gustas cuando callas porque estás
como ausente, /y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. A ellos y
otros más les ha bastado unos versos para ser inmortales.
Pero hasta que esto ocurra, y dudo que me ocurra, yo sigo caminando
por el áspero camino de la poesía. Unas veces acompañada
y otras veces en solitario, pero siempre, siempre, dando oportunidades
a otros poetas, ayudándolos. En 1980 Juan Ruiz de Torres funda
la Asociación Prometeo de Poesía, era un grupo abierto
dedicado a la poesía de los demás. Durante años
se estuvo ofreciendo los micrófonos y las páginas de sus
tres revistas literarias tanto a poetas consagrados como a jóvenes
que aún no habían publicado. Han pasado 45 años
de aquello y, ahora, yo dirijo Tardes de Prometeo. Puede
que en esto estribe también el éxito, lo que pasa es que
este éxito se ve menos, está más oculto.
¿Cómo describirías
tu estilo poético? ¿Ha evolucionado con el tiempo?
Casi siempre me he movido en la Silva. Me gusta esta estrofa poética
que entrelaza versos cortos con versos largos, como pentasílabos,
endecasílabos y alejandrinos. En estos últimos años,
me estoy dirigiendo hacia la prosa poética. Uno de mis maestros
en este género es el granadino Luis Rosales. La casa encendida,
Un rostro en cada ola, son mis libros de referencia. Pero esto no quiere
decir que no haya cumplido con la métrica de nuestros clásicos.
En 2022 publiqué Los músicos dormidos donde recogía
75 Sonetos. También he escrito bastantes décimas. Años
atrás le presté mucha atención al llamado cadáver
exquisito. Fue una etapa feliz, un juego que compartir que Juan
Ruiz de Torres, Luis Arrillaga, Enrique Gracia Trinidad o Alfredo Villaverde.
En cuanto a evolución, claro que mi poesía ha evolucionado
con el tiempo. He leído mucho a los poetas de la generación
de los 60, la llamada de la posguerra española. Ellos y ellas
fueron excelentes escritores que nos dejaron la mejor poesía
crítica, social e intimista de todos los tiempos. He tenido la
gran suerte de conocer y compartir charlas poéticas ante un café
con mis maestros Elena Andrés, Joaquín Benito de Lucas,
José Hierro, Ángel García López, Leopoldo
de Luis, Carlos Murciano, Concha Zardoya, José Gerardo Manrique
de Lara y algunos más. Muchos de ellos, con el paso de los años,
llegaron a ser amigos míos.
¿Qué opinas de la poesía
contemporánea? ¿Hay algún poeta actual que admires
especialmente?
La poesía siempre ha estado entre nosotros, aunque no se
la oyera. Y en estos momentos se la ve y se la escucha, debido a que
hay muchos grupos poéticos de jóvenes, hay muchos talleres,
se publican muchos libros y, lo mejor de todo, hay muchas mujeres que
la escriben.
No puedo elegir a un solo poeta debido a que mi poesía ha bebido
en la fuente de muchos de ellos, por considerarlos mis maestros. Tengo
que remontarme a mi adolescencia donde está Gustavo Adolfo Bécquer.
Luego vinieron las narraciones de Tagore. Me enamoré de los largos
poemas de Pablo Neruda. Vicente Huidobro y su Altazor, fue mi libro
de cabecera durante muchos años. El argentino Enrique Molina
me introdujo en la poesía sensual, carnal, erótica. De
la poesía de Juan Ruiz de Torres aprendí a escribir sobre
la otredad, a no abusar de adjetivos y de adverbios, a ser más
concisa. Sigo admirando la poesía de Luis Rosales, José
Ángel Valente, Claudio Rodríguez. De mi época de
Prometeo elijo a mis compañeros Luis Arrillaga y Jaque Cabales,
buenos poetas que murieron muy jóvenes. En cuanto a poetas vivos
de hoy me quedo con Carmina Casala, Juana Castro y Enrique Gracia Trinidad.
¿Qué opinas del papel
de la poesía en la sociedad actual? ¿Crees que tiene un
propósito o una responsabilidad?
EEs un error pensar que la poesía salvará al mundo.
¿Acaso la pintura, la escultura, la danza, lo salvan? Llevamos
siglos escribiendo poesía, ha habido miles de poetas y no se
ha podido detener ni una sola guerra de las muchas que ha asolado al
mundo.
La poesía ni siquiera puede salvar a la persona que la escribe.
De ser así, fracasó con Alfonsina Storni que se lanzó
al mar, con Virginia Woolf que se llenó los bolsillos de piedras
y se lanzó al río, con Sylvia Plath que se mató
con gas, y qué me dice de José Agustín Goytisolo,
Alejandra Pizarnik, Cesare Pavese, Juan Larrea
desgraciadamente
la lista es muy larga.
Por otro lado, ¿por qué cargarle a la poesía tanta
responsabilidad, cuando es la gran ignorada? Casi nadie lee poesía,
ni siquiera interesa a la familia del poeta. Ningún poeta puede
vivir de sus poemas. La poesía solo intenta expresar emociones,
sentimientos, ideas con bellas palabras. Y nada más. El poeta
no es un dios, es un ser como todos los demás, solo que escribe
poesía
Si pudieras tener una conversación
con cualquier poeta del pasado, ¿quién sería y
qué le preguntarías?
De entre todos elijo al novelista don Miguel de Cervantes Saavedra
y no para preguntarle, sino para decirle: Maestro, ¿sabe
usted que su hidalgo don Quijote de la Mancha fue un éxito rotundo?
Después de tantas penurias y tanto sufrimiento y la poca ayuda
que recibió, su libro saltó fronteras y se ha traducido
a docenas de idiomas. Su loco divino le ha convertido a usted en el
mejor escritor de España y casi del mundo. La palabra quijote
está incluida en el diccionario de la Lengua Española
y es un sinónimo de hombre valiente, de grandes ideales, que
se dedica a ayudar a los débiles.
En cinco palabras, ¿por qué
escribe?
Forma parte de mi sangre.
Y también en cinco palabras,
¿Por qué lee?
Quién no lee, está muerto.
¿Qué proyectos tienes
en el horizonte?
Tengo la intención de retomar, leer y corregir una novela
policíaca que lleva años dormida en un cajón. Si
la publicara sería mi sexta novela.
Mayo, 2025