
¿Qué se siente al haber
ganado el XXV Premio Johán Carballeira, uno de los más
prestigiosos y decanos de Galicia, con el poemario Brindis
y desesperación (Brinde e desespero) que ahora
publica Cuadernos del Laberinto?
Confianza. También seguridad, aunque la seguridad va y
viene y desaparece cuando empiezas un nuevo proyecto. Quizás
esa confianza sea eso lo más importante para quien escribe, ¿o
no?. Supone un empujón importante, en especial de ánimo;
compruebas que has acertado con la visión que has elegido para
expresarte, al menos para el jurado de ese premio. Tampoco doy demasiada
importancia a los premios, de verdad, aunque he ganado premios importantes
en Galicia porque forman parte del sistema literario. Creo que cada
lector/a debe dejarse llevar por sus gustos, por su sensibilidad, siendo
exigente. En el caso de este poemario, "Brindis y desesperación",
se trata de explorar con otra mirada más profunda
el día a día. Busco sorprender en lo cotidiano, en aquello
que nos parece más normal. Descubrir en las conductas habituales
algo que no habíamos visto o si lo habíamos visto, no
nos había llamado la atención. Busco en el discurrir diario
lo inesperado, lo insólito, que lo hay, ¡lo hay! El día
a día es una mina de la que puedes extraer mucho "mineral".
Inicialmente el poemario llegó
a las librerías en gallego (Brinde e desespero), pero en esta
edición ya aparece bilingüe castellano/gallego. ¿Es
suya la traducción, qué aporta cada una de estas lenguas
a la expresión poética?
Sí, es mía. Y no tengo claro si el propio autor/a
debe de encargarse de traducir su propia obra. Incurres en defectos
a la hora de cambiar de idioma. Cada lengua tiene su propia manera de
sentir, porque cada palabra es una joya con características propias,
posee su propia fuerza y de ella emana un sentimiento distinto, una
expresión con un significado diferente. No es una cuestión
fácil de explicar. Mi padre, mi madre y mis abuelos/as y nuestros
antepasados hablaron y hablan gallego. Escribo originalmente en gallego
como humilde contribución para que no se pierda nuestra lengua.
Esa lengua que he heredado. Para mí traducir mis propios poemas
a otros idiomas es una manera de volver a crearlos, con matices diferentes
porque las palabras son otras. Unas y otras tienen su propia riqueza.
Me gusta cómo queda el poemario en castellano. Sutil cuando lo
es y duro cuando lo pretendo. He visto poemas míos traducidos
al ruso por una conocida profesora de la Universidad de San Petersburgo
hace años y no me dicen nada porque no veo más que signos
extraños. En cualquier caso, lo más importante es que
las lenguas enriquecen, son un tesoro en sí mismas e identifican
a cada cultura.
¿Cómo fue el proceso
de escritura de estos poemas?
Instantáneo. Solo escribo cuando tengo verdadera necesidad.
Solo entonces. Cuando me lo pide el cuerpo y vienen las palabras solas.
No escribo con ningún sistema, no soy metódico ni disciplinado.
Por eso escribo en cualquier lugar y en cualquier momento; en la cafetería,
en el tren o en cama. Nunca en cuadernos, casi nunca directamente en
el ordenador, menos si se trata de poesía. Escribo en el margen
en blanco de un periódico o de un libro o en una servilleta,
en cualquier papel que tenga a mano o bien anoto una idea rápida
en el móvil. No tengo otro método. Es un poco desordenado
y pierdo muchas anotaciones o luego no las entiendo, no soy capaz de
hilvanar el sentido de las frases, pero suelo partir de ellas. Escribo
por impulso, ese impulso que parece surgir de los saltos de la sangre.
A los poemas tienen que notárseles las venas y la sangre que
corre por ellas, para diferenciarlos de los de la IA. El sentimiento
es el motor que propulsiona esas palabras. La IA no lo tiene. Creo que
así son más auténticos. Luego les doy forma, con
calma, con un sentimiento asumido y aceptado. Otras veces, muchas, los
descarto.
¿Sus historias poéticas
nacen de su trabajo como periodista, de los detalles agridulces que
ve cada día? ¿Influye una sobre la otra?
Mi trabajo como periodista lo aprovecho sobre todo para la narrativa,
no tanto para la poesía, aunque también porque forma parte
del día a día, de la experiencia personal. La mirada poética
debe de ser auténtica, propia, de uno mismo y natural. Los ojos
son como el objetivo de una cámara y luego filtras las imágenes
por tu propio modo de sentir. De ahí sale la autenticidad; debiera
de salir la voz de uno mismo; no hay nadie igual a ti, hay que aprovechar
eso. No se trata de imitar a nadie, de que influya nadie en ti, ni siquiera
los mejores, ese es el mayor peligro. Porque entonces solo serás
alguien que imita a otro y ese otro, sin duda, será mejor que
tú porque le copias. Asimila lo bueno de los demás, analízalo
con detalle, compáralo con lo que tú escribes, cómo
lo escriben ellos y cómo lo escribes tú, por dónde
puedes explorar, cuál es tu camino o tu salida, por dónde
va tu mirada. Qué dice tu voz y cómo lo dice. De eso se
trata, de analizar, examinar, deducir, no de imitar. Es lo que creo
y lo que procuro. Mire, llevo 6 años destripando párrafo
a párrafo el Ulises de Joyce, sin prisas, he aprendido
mucho. Cada noche al acostarme analizo un párrafo, unas frases,
tomo notas o no. No me importa la historia, me fijo en cómo escribió
esas frases. Cómo describió esa escena. Cómo la
resolvió. ¿Qué me queda a mí? ¿Qué
camino, qué salida, qué opción? Es de locos o de
enfermos.
En su poesía aborda repetidamente
el tema de la marginalidad ¿Qué le atrae de ese reducto?
No soy consciente de eso. En este poemario y en el anterior, "Los
filósofos ya no brindan con cicuta" premio Afundación,
del Pen Club de Escritores de Galicia sigo la misma línea.
El día a día. Tal vez en algunos poemas asome la marginalidad,
pero en la mayoría de ellos no, salvo que entendamos por marginales,
por ejemplo, a las personas mayores. No las veo como marginales; al
contrario, las sitúo en el centro de la sociedad y de nuestras
vidas, donde deben o debieran de estar, aunque es verdad que les arrinconamos
o directamente les olvidamos, cada vez sucede más. Pasamos más
tiempo con las mascotas que con nuestros mayores; no digamos con el
móvil. Es lo que perdemos. Acaso esa dureza o claridad crítica
que expreso en los poemas lleve a pensar en que afloran temas marginales,
pero de verdad que no soy consciente, no hay tal propósito. Y
no me atrae nada en especial de la marginalidad, no creo que tenga atractivo,
ni siquiera artístico. Pero, bueno, ¿qué es lo
marginal? Porque los/las poetas lo somos.
Una buena definición de su estilo
poético figura en la contracubierta del libro: Nos adentra
en esa zona que surcan quienes sienten que han iniciado eso que llamamos
el camino de vuelta. ¿Una vez que se empieza a mirar de
esa forma, es complicado volver a mirar con ojos inocentes? ¿La
experiencia, en su obra, es más un castigo que un valor?
La experiencia es un valor siempre, eso entiendo. Cuando hablo
"del camino de vuelta" en la vida, me refiero a quienes estamos
en una edad intermedia y comenzamos a sentir que en cierto modo hemos
comenzado a desandar ya el camino vital que hemos recorrido hasta ahora.
Y ese "camino de vuelta" lejos de ser el fin de nada, es el
comienzo de una etapa nueva, todo un descubrimiento. Ese es el mensaje.
Vuelves a ver las cosas, las mismas cosas, ya de otra manera. Ese es
el descubrimiento. Tu padre y tu madre que antes eran tu principal apoyo
y soporte ahora ya precisan de ti, si viven todavía; tus hijos/as
tienen su propia vida; del amor no sale esa llama viva en la que más
de una vez y de dos te has quemado; es otra cosa, es distinto, tal vez
mejor, acaso no, pero es distinto. Igual de enriquecedor. Me refiero
a esa otra mirada y a ese descubrimiento. ¿Eres inocente con
esa mirada? Supongo que no, claro. Te ríes más, creo que
sí, observando a los que vienen. Andas con más calma,
pisas con más fuerza, quizá sabiendo ya a dónde
vas. Bueno, creo que ni es mejor ni peor, distinto.
Zorrilla decía que la métrica
y la rima son las vestiduras regias de la poesía. ¿Qué
opinión le merecen en la actualidad?
Tampoco lo comparto o no del todo. La palabra "regias"
ahí me chirría un poco. En mi poesía no hay aparentemente
métrica ni rima visibles. No es así exactamente. La expresión
avanza y evoluciona con el tiempo, cambia como la sociedad. Ahora un
poema en endecasílabos o combinado con versos heptasílabos,
ya sean en consonante o asonante, me parece un poema encorsetado. Nadie
o casi nadie lleva ya corsé. Pero, ojo, a ver cómo lo
explico: en mis poemas hay música, o mejor, musicalidad, que
para mí es el alma del poema. Un poema no puede perder nunca
la música, el alma, porque deja de serlo y es prosa. Hay acentos
caídos en cuarta, sexta u octava sílabas, pero sin que
se note, sin que el verso forme endecasílabo, sino que se prolonga.
Es como si anduvieses por el poema con el mayor cuidado, como una danzarina
con unos pasos de baile. La poesía debe adaptarse al tiempo,
pero nunca puede faltar en un poema la música o la musicalidad
como digo. La poesía debe de estar en la calle, en lo cotidiano,
debe ir cómoda, por tanto, sin corsé, pero "guapa",
casual, natural. Lograr esa naturalidad es muy difícil, mucho
más difícil que buscar o forzar el acento en tal o cual
sílaba. Es lo que pienso, eh, y de hecho es lo que procuro. Ah,
y se le deben notar las venas, la sangre; importante e insisto en esto.
Que no parezca un poema de la IA (Inteligencia Artificial). ¡Cualquier
día ganará un concurso de poesía o narrativa la
IA, verá! Saldrá en la prensa, a no tardar. Por eso incido
en lo de las venas y la sangre. En realidad, mejor que la IA sea jurado
en todo caso, más útiles serán los algoritmos para
analizar 300, 400 o más textos; dada su capacidad, lo tendrán
más fácil. Es una tontería, pero puede que lo veamos.
Vila-Matas aconseja que para escribir
hay que dejar de ser escritor, es decir olvidar el rol social que esto
conlleva. Sin embargo, esto parece contradictorio con lo que se impone
en los círculos literarios: premios, vida social, recitales permanentemente
¿Ha devorado el consumismo también a la poesía?
Me gusta Vila-Matas, en especial sus diarios. Por cierto, en los
que es siempre escritor o al menos yo lo veo así. No, qué
va; consumismo y poesía son dos palabras antagónicas,
no, una y otra son como el agua y el aceite. Mire, no se engañe
o no nos engañemos, estas presentaciones de libros y recitales
que se multiplican por no sé cuanto cada día en cualquier
ciudad, en Galicia al menos y en las que yo mismo participo contra
mi gusto y mi voluntad casi siempre, no son más que un
síntoma de agonía. De debilidad del sector. Son para no
desaparecer, para no morir en la invisibilidad de un estante en una
librería. Un libro en un estante tiene una vida más corta
que la de una mariposa. Hoy es así y, sin embargo, no dejan de
publicarse libros y más libros. Es fácil, es relativamente
económico, y fácil de acceder a la publicación.
Hay mucha confusión con lo bueno y lo malo con tantas publicaciones.
El consumismo se ve más en la novela, porque el barrio de las
novelas es un barrio rico, pero el de la poesía es un barrio
pobre y marginal. Hay urbanizaciones poéticas de rápida
construcción en libros para adolescentes y jóvenes que
alcanzan más tirada que algunas novelas, eh, que conste, y está
bien, no lo critico. Pero enseguida las devora el tiempo. Si las ves
desde "el camino de vuelta" sonríes. ¡Qué
vas a hacer!
¿Qué consejos daría
a los jóvenes que comienzan a escribir?
No doy consejos. No guardo consejos ni adjetivos apenas. De los
adjetivos también te vas desprendiendo con la edad. Para no ser
descortés, diré que a mí me sirvió mucho
leer, siempre. Como un ejercicio; un escritor se entrena leyendo; siempre,
continuamente, nunca hay que dejar de leer y de analizar, como he apuntado
antes, lo que los demás escriben. Veo por qué camino van,
sobre todo fijándome siempre en los que abren nuevas vías,
intentan nuevas propuestas. Me gustan y sigo especialmente a los escritores/as
que arriesgan y se equivocan porque cuando aciertan son únicos.
Te abren una ventana a un mundo que desconocías, que nunca has
visto: eses son los/las grandes. Eso es maravilloso. Impagable. Tampoco
he tenido demasiada prisa en publicar; en 35-38 años escribiendo
tengo 13-14 libros publicados, sin contar reediciones o algunas ediciones
traducidas. Ahora sí noto cierta prisa, con los años sí,
porque me parece que me queda cada vez menos tiempo para escribir esa
gran obra que todos creemos tener en mente y nunca acaba de salir. Después
vemos, comprobamos, que no era esa. Y así una y otra vez. Además,
¿por qué tener prisa en publicar?
Pessoa decía que «la vida
no basta, y por eso existe la literatura». ¿Cuáles
son los motivos por lo que siente usted esa necesidad de escribir?
He leído a Pessoa y los libros de sus heterónimos.
He releído en especial sus reflexiones sobre la escritura y en
particular sobre la poesía. Me gusta la literatura portuguesa.
Mi escritor, poeta, de cabecera (uno de ellos) es Eugénio de
Andrade. Actualmente, José Luís Peixoto. Ambos portugueses.
Aquí sí que voy a ser breve porque lo tengo muy claro:
escribir da sentido a mi vida. Quizá sea una frase repetida,
pero es verdad.