
En su obra hay una fuerte referencia
a los misterios que envuelven la existencia como cimiento de la literatura.
Explíquenos esta cualidad de sus textos, en su poemario Pétalo
para construir lo inmenso.
La existencia es fascinante. Por supuesto no todo el mundo
lo entiende así. No tenemos ni la menor idea de cómo surge
la conciencia, ni de cómo surge la vida como tal. Para mí
lo más seductor es no tener respuestas. Si naciésemos
con un manual de instrucciones que explicase perfectamente el funcionamiento
del mundo, la vida sería muchísimo más aburrida,
tan aburrida como si fuésemos inmortales. Nos cansaríamos
necesariamente de vivir y lo que la mayoría de la gente considera
un don se convertiría en una condena. Por eso me interesa tanto
la muerte, ya que es parte imprescindible de la vida, es lo que da sentido
a la vida.
Mi convencimiento personal es que el sentido de la existencia nos está
vedado y que es inherente a nuestra naturaleza la imposibilidad de conocer
el motivo por el que estamos aquí y el significado del mundo.
Es ahí donde surge lo más interesante y donde sitúo
mi obra; es decir en la elucubración artística de dar
respuesta a preguntas que no la tienen. Obviamente, esto se remonta
a una tradición literaria que viene de siglos. En este sentido
he tratado de ser original y no hacer referencia a los mitos clásicos
o a las formulaciones clásicas científicas o de ocultismo.
He creado una mitología a mi medida, a mi gusto. El libro es
deliberadamente sentencioso, pero desde una perspectiva clara de que
se trata de un juego literario, no de algo en lo que yo realmente crea.
Es literatura.
¿Cuál es la génesis
de este poemario, Pétalo para construir lo inmenso, y cómo
definiría este libro?
Su escritura comenzó en el verano de 2020, influido por
la situación que provocaba la pandemia: cientos de muertos diariamente,
la incertidumbre y el mensaje claro de nuestra fragilidad. A raíz
de esto adopté un nuevo punto de vista sobre la poesía
y desplacé mi interés a lo que me sucede como individuo
y a las cosas que afectan a la colectividad humana, algo que entronca
con los textos bíblicos o el Zaratustra de Nietzsche.
Al principio las ideas e imágenes surgieron como una revelación,
como si fuesen dictadas; aunque evidentemente hay un duro trabajo de
reescritura, pulido y oficio poético. Esto por supuesto es algo
engañoso. El que escribe es el escritor, no un ente externo inmaterial
que le dicta los textos, pero la sensación no deja de ser esa.
En un posterior período de escritura la sensación fue
la de extraer a la fuerza los textos, pero ya tenía la inercia
del principio, y delimitado cuál iba a ser el tema de la obra.
La idea fundamental que yo quiero transmitir con Pétalo para
construir lo inmenso es la de que lo que nos rodea y lo que somos no
es más que una construcción que nosotros mismos hacemos
y que llevamos haciendo desde que existimos en este planeta. Necesariamente
es así porque forma parte de nuestro instinto de supervivencia,
necesitamos descubrir el mundo y más tarde darle un sentido para
poder sobrevivir en él. El poemario recoge distintos enfoques
sincréticos de cómo el hombre ha entendido su presencia
en el mundo y su relación importantísima con los animales,
por eso hay constantes referencias a distintas formas de religión
o de rituales que tienen que ver con lo trascendente, la adoración
de animales, la veneración de plantas, etc. Todo desde un punto
de vista en el que se poetiza la realidad, como ideal romántico
de búsqueda de lo absoluto, de la relación entre lo uno
y lo infinito, pregunta fundamental y única de la filosofía.
La poeta Esther Peñas ha dicho
sobre Pétalo para construir lo inmenso: Es imposible no
entregarse con fascinación a su poesía. ¿Qué
siente al entregar su obra al público y sentir este feedback?
Siento realizada mi inquietud como escritor, que la obra
tiene fuerza que llega al público, que tiene una coherencia que
es percibida, y que no deja indiferente.
Habrá seguramente quien no opine como Esther, pero espero que
no deje indiferente a nadie. Esther fue una de las primeras personas
que leyeron la obra. Ella siempre me ha resultado de gran ayuda y le
estoy muy agradecido. Esther se implica mucho en la escena poética
y es admirable su labor creativa tan prolífica y de calidad literaria;
así como su labor casi diaria a la hora de presentar libros,
realizar entrevistas, impartir talleres, etc. Además es un encanto.
Es conocida su fascinación
por Arthur Rimbaud que le llevó a usted con dieciocho años
a Charleville-Mézières, el pueblo natal del genio francés.
¿Cómo fue este deslumbramiento poético.
Tuve la suerte de enamorarme de la poesía con dieciséis
años. Supongo que por desgracia es algo que a no todo el mundo
le sucede. Empezó en el ámbito académico con la
poesía de Rubén Darío, y de ahí surgieron
otros nombres como Verlaine, Rimbaud, Baudelaire
Otro punto de
inflexión fue el descubrimiento, en la biblioteca de mi colegio,
de la Antología de Rosa Pereda Joven poesía española,
de la editorial Cátedra, que yo leía en los recreos. Fue
precisamente eso: un deslumbramiento, que se hizo más fuerte
con la poesía de Arthur Rimbaud, que me catapultó a cotas
de ensimismamiento que no conocía. Quedé fascinado por
su obra y también por su biografía.
En primero de carrera surgió la idea de visitar Charleville,
lugar del que yo tenía noticia por las obras de Rimbaud y las
traducciones de Ramón Buenaventura para la editorial Hiperión.
Realicé el viaje con un compañero de estudios el
hoy periodista Xavi Granda. Visitamos el cementerio, donde está
enterrado; el molino que alberga su museo; las maravillosas tiendas
de souvenirs del autor, etc. Inolvidable.
Yo ya antes había coqueteado con la idea de Charleville porque
enviaba postales a Rimbaud desde Connecticut, en Estados Unidos; lugar
donde estudié el último curso de bachillerato y donde
la lectura de sus libros me afectó de lleno.
¿Cómo definiría
la poesía?
Es el género literario en que hoy por hoy me encuentro
más cómodo porque me permite tratar los temas que ahora
mismo más me interesan.
La poesía significa ensimismamiento, es una forma de amor. Es
la fórmula que puede ponernos más efectivamente en contacto
con lo inefable; lo que nos aproxima a lo inescrutable. Es comunicación
con Dios.
En este libro, con el que debuta como
escritor, navega entre claroscuros, magia, cuervos, veneno, ancestros,
muerte, sangre y presagios. ¿No le asusta que su poesía
sea un enigma indescifrable para el lector?
Creo que mi poesía es bastante descifrable y que tiene
una coherencia de símbolos que se han venido utilizando en una
larguísima tradición literaria que se remonta al Poema
de Gilgamesh, de cinco mil años de antigüedad, el poema
más antiguo que se conoce. En esta obra se habla de acontecimientos
como el diluvio y se tratan temas como el amor, la muerte y el significado
de la vida; temas que son recurrentes en mis poemas. Todos los elementos
que menciona en su pregunta cristalizan en la génesis del Romanticismo
alemán que surge como contrafigura de la Ilustración francesa
donde primaba el raciocinio, las luces, la ciencia, etc. El movimiento
romántico nace como oposición a esto y ofrece el camino
de lo oscuro, lo misterioso, lo alquímico, la muerte, el género
fantástico. Es el germen de la literatura moderna. Por desgracia
no he inventado nada.
El gran poeta Jesús Urceloy
le rinde un homenaje al abrir Pétalo para construir lo inmenso
con una celebración sobre usted. ¿Cómo es este
pórtico de gala?
Conocí a Jesús Urceloy casualmente en una de
las lecturas poéticas que organizaba a principios de los años
noventa en el ·Rincón del Arte Nuevo, en la calle
Segovia de Madrid. Fui allí acompañando a mi novia de
entonces. Jesús había invitado a Juan Carlos Mestre y
a Dulce Chacón para el recital. Fue una velada preciosa y por
desgracia Dulce Chacón nos dejó hace algunos años.
No volví a ver a Jesús hasta tiempo después. Somos
vecinos del mismo barrio y empezamos a coincidir de nuevo. Jesús
es una persona encantadora y se ha prestado amablemente a escribir este
magnífico prólogo en forma de poema, por lo que le quedo
eternamente agradecido.
Aparte de escritor, es también
abogado y chef. ¿Cómo combina sus facetas profesionales
con su pasión por la literatura?
Sí no deja de resultar un poco chistoso, me falta
ser astronauta o nadador. La literatura, y especialmente la lectura,
lo es todo para mí. No concibo la vida sin leer, pero hay que
ganarse la vida y yo me la gano cocinando.
¿Con qué personaje histórico
se iría de cañas?
Idealizo la época de los pintores de Montmartre: la
absenta, la bohemia clásica de finales del XIX en París
No me importaría quedar con Antonin Artaud, que es algo posterior,
y que temblara el misterio.