
Ídolos
de pidra, Santuarios prehistóricos en el Valle del Alberche.
Comarca de Cebreros (Ávila) ha sido galardonada
con el V Premio Internacional Cuadernos del Laberinto de Historia, Biografía
y Memorias, 2024. Tras 10 años de investigación, ha publicado
la obra con sus descubrimientos arqueológicos en la provincia
de Ávila. ¿Qué es lo que denomina la Cultura de
Cebreros?
an sido diez años desde que encontré el primer hallazgo,
allá por el 2014. Un duro trabajo de campo, con cerca de 200
visitas para la búsqueda de emplazamientos. Ha representado una
amalgama de sensaciones, entre la dureza y la enorme satisfacción
por la relativa suerte que he ido teniendo. Parece que cuanto más
iba a buscar, más encontraba. La Cultura de Cebreros, a la que
también denomino la Cultura de los Ídolos o Cultura de
los Tótems, representa el conjunto de hallazgos de este libro,
Ídolos de piedra.
Considero que la población que alberga la mayoría de los
hallazgos y los más relevantes, merece dar nombre a esta cultura
perdida en la noche de los tiempos prehistóricos. Una nueva luz
podría acontecer con este libro, donde se relacionan 44 altares
de piedra para un total de 66 monumentos prehistóricos, entre
estructuras dolménicas, monolitos animales y santuarios, entre
otras muestras. Hay que tener en cuenta que para toda España
existía apenas un centenar de altares a finales de 2021 y unos
150 a fines de 2022. Existen muchos sin descubrir en España,
también en Ávila, esto no ha hecho más que empezar.
Parece que la provincia abulense y las cuatro provincias gallegas conforman
el territorio con mayor concentración de piedras sacras de toda
Europa occidental, a la cabeza de las cuales se situaría Ávila.
Hace poco una amiga me comentó que estas mismas cinco demarcaciones
provinciales son las que tienen los niveles de radón más
altos. ¿Coincidencia o subsecuencia?
¿Cómo empezó a
investigar y darse cuenta del gran descubrimiento que ha llevado a cabo?
Todo comenzó con una serendipia, es decir, un hallazgo
casual buscando algo distinto. Iba buscando algo antiguo, en pleno campo.
Cuando de pronto, yendo con mi padre, me fijo en una elevación
rocosa que recordaba vagamente a un animal. Le dije a mi padre: «Eso
de allí arriba es un tótem». Él, completamente
escéptico, trató de desincentivarme de la idea. A los
pocos días regresé y cuál fue mi sorpresa al hallarme
ante uno de los más relevantes santuarios contenidos en la obra:
el altar 1. Éste contenía casi todos los elementos constitutivos
de un altar de sacrificios: un impresionante trono excavado en la roca
para el nigromante o chamán que oficiaría las ceremonias,
una serie de cavidades circulares para albergar los líquidos,
insertas en una estructura tallada de forma artificial con una forma
que recordaba una mesa, y una especie de pasillo para acceder al plato
fuerte del santuario: un enorme ídolo, el que reconocí
como tal a distancia, desde abajo, encaramado junto al altar propiamente
dicho, apuntando directamente al norte, con una serie de entalladuras
inequívocamente provocadas por la mano del hombre. En posteriores
visitas localicé varias cazoletas insertas sobre el propio ídolo,
sobre todo en su parte norte. Ese era el dios al que adoraban en el
santuario, en un lugar de fuerza telúrica impresionante, encajonado
en un angosto y profundo valle cubierto de un bosque mediterráneo,
sin duda un lugar donde se evocaría a las divinidades animales.
Un escenario donde la reverberación de la música debió
desempeñar un papel destacado. Es muy probable que, junto al
altar, se entonasen himnos y se percutieran instrumentos con objeto
de producir música. El aspecto del tótem recuerda a un
ave con su cuello. Me dejó de piedra, nunca mejor dicho.
¿En qué época
data estos ídolos y santuarios?
No es fácil contestar a esta pregunta. Es posible fechar
la edad de la tierra mediante la descomposición de elementos
radioactivos presentes en la roca. Pero no es posible saber en qué
momento el hombre cinceló, desgajó o dio forma a la misma.
Si no se encuentran elementos perecederos que sean contemporáneos
al monumento, tipo cerámica, hueso, incluso recurriendo al análisis
palinológico, el estudio de los pólenes presentes en el
suelo inalterado de un yacimiento, no es posible realizar una datación
científica. Pero por analogía, por comparativa con monumentos
megalíticos similares y gracias a algunos santuarios que sí
se han podido datar, la historiografía se decanta por situarlos
en períodos prerromanos, entre el Calcolítico o Edad del
Cobre (hace unos 4.500 años para la Península Ibérica)
y la Edad del Hierro, que comienza a principios del primer milenio antes
de Cristo. Últimamente, el gran experto en piedras sagradas,
Martín Almagro-Gorbea, incluso aventura que podrían tener
origen en el Neolítico, aunque en sus publicaciones acerca de
los altares rupestres prehistóricos los sitúa preferentemente
en el Campaniforme, al comienzo de la Edad de los Metales. Yo me aventuro
a ubicar cronológicamente esta colección de altares en
el período megalítico, dentro del Neolítico Medio
o Tardío, en una horquilla que oscilaría entre el 3.000
y el 4.000 a. C. La tosquedad en algunas formas invita a pensar en un
utillaje muy rudimentario a la hora del desbaste y tallado de los santuarios
y de los ídolos adjuntos, seguramente creados con gran esfuerzo
y coste en términos de tiempo empleado, utilizando piedra contra
piedra.
¿Qué importancia tienen
los hallazgos a nivel nacional o internacional, según su criterio?
La importancia se la va a dar o a quitar el tiempo, que pienso
que pone a todos en su sitio. Pero esta intuición que me ha llevado
a sacar a la luz estos hallazgos me dice que pueden jugar un importante
rol en el futuro, a tenor de su carácter único. Los especialistas
en Prehistoria que han hablado de los altares, tanto a nivel nacional
como internacional, no destacan ningún altar que contenga el
propio ídolo en su seno, por lo que pienso que puede ser un golpe
de efecto importante, y que puede crear una nueva muesca en la Prehistoria
de España. La Piedra de los nueve escalones (Francia), el altar
de Viterbo (Italia), y sobre todo Panóias (Portugal) y Ulaca
(Ávila), los que pueden ser los cuatro grandes altares rupestres
de Europa, no contemplan tampoco ningún ídolo.
¿¿El gran número
de hallazgos, no cree que puede hacer creer a algunas personas que ha
sido inflado o que es exagerado, y entre el grano se ha colado cierta
paja?
Cuento con ello. Como se dice en el prólogo, se producirá
«la sorpresa y el escepticismo de muchos, la socarronería
de algunos y el estupor de muy pocos» al principio. Como todo
lo rompedor, se necesita tiempo para su aceptación.
¿Ha tenido que documentarte
mucho para la confección de Ídolos de piedra?
El trabajo de documentación ha sido ingente. Alrededor
de 160 obras han sido leídas en todo o en parte, y varios cientos
más hojeadas, sin contar las páginas web o blogs consultados,
con objeto de situar de forma tanto espacial como temporal los descubrimientos.
Cinco años de escritura-lectura, con pequeños paréntesis,
documentándome, leyendo y redactando este ensayo, pero creo que
ha merecido la pena. A esto hay que sumar el trabajo de campo de búsqueda
y medición de los emplazamientos, una década de trabajo
en total. Con limitaciones y fallos, en términos generales me
siento orgulloso del trabajo realizado, que además ha tenido
la fortuna de ser galardonado con la quinta edición del premio
internacional Cuadernos del Laberinto de historia, biografía
y memorias, elegido por unanimidad por el jurado entre 41 manuscritos
procedentes de 13 países.
No puedo pedir más, aunque el «Gordo» me fue concedido
al permitirme tener la disposición mental para descubrir, o más
bien encontrar, las piedras de la Cultura de Cebreros. Me siento un
privilegiado. Te quedas extasiado al contemplar la belleza de estas
joyas de la Prehistoria, la fuerza que desprenden y la severidad de
los emplazamientos que los rodean. Aunque se construyeron con fines
funcionales, en el presente son maravillosas obras del primer arte del
hombre de Iberia, que deben formar parte de los libros de texto en un
futuro. Creo que me dejo llevar un poco por el entusiasmo, pero es como
lo siento, y además estoy firmemente convencido..
¿Qué diferencia existe
entre lugares de culto, santuarios, altares y otros megalitos?
Nos movemos en un escenario temporal muy impreciso, en el cual
tendemos a proyectar nuestras estructuras mentales a tiempos pretéritos,
lo que no es algo plausible. Utilizando un símil con el Cristianismo,
una iglesia o catedral medieval sería equiparable al santuario,
y el altar mayor o presbiterio se podría convalidar con el altar
rupestre, que sería el lugar en el que se contenían los
líquidos a consagrar a la deidad zoomorfa, al ídolo animal,
así como existen bajo el crucero de una gran catedral representaciones
icónicas de la Virgen María o de Jesucristo en el lugar
al que se accede normalmente mediante unas escalinatas, donde el sacerdote
oficia la Eucaristía. Así también existen escalones
o entalladuras para ascender a la parte superior de algunos altares,
a veces mediante una rampa. Lugares de culto o santuarios serían
sinónimos.
Respecto a los megalitos, considero que estos altares y sus ídolos
asociados son una nueva tipología de monumentos megalíticos,
como los son los menhires, los dólmenes o los crómlech
y alineamientos de piedra. Grandes bloques de granito colocados uno
sobre otro, piedras ciclópeas en honor a los cíclopes
mitológicos, como construidas por gigantes, forman estos objetos
de culto que debieron causar estupor al hombre antiguo que los veneró
hace miles de años. Aún hoy parecen impresionantes.
Usted clasifica los hallazgos en tipo
A y tipo B, ¿qué diferencias existen?
Almagro-Gorbea, que es el estudioso que de alguna forma genera
la doctrina en materia de piedras sagradas, a la cabeza de las cuales
están los santuarios rupestres, determina la tipología
de los altares. Distingue básicamente entre altares de tipo Lácara
y de tipo Ulaca. Los primeros, los de tipo Lácara, tienen entalladuras
poco profundas para introducir la punta del pie y trepar a la cumbre
del altar; son endémicos de la Península Ibérica,
esto es, no parecen existir en ningún otro lugar de Europa, al
menos. Los segundos, los de tipo Ulaca, tiene verdaderos escalones y
constituyen una evolución importante, siendo posteriores en el
tiempo. Un tercer tipo lo constituyen los altares en peñas naturales,
denominación a mi juicio más difusa por la dificultad
en algunos casos de discernir entre oquedades naturales y antropogénicas
(creadas por el hombre).
A la luz de mis hallazgos, contenidos en Ídolos de Piedra, me
aventuro a establecer un tipo de altar hasta ahora inédito, que
es el altar de tipo Cebreros, excluyente y a la vez compatible con los
anteriores. A continuación lo explico. Creo que hay un antes
y un después, en el sentido de que el de tipo Cebreros englobaría
a la totalidad de altares en los que aparece un ídolo al que
venerar, que podría ser al mismo tiempo tipo Ulaca, Lácara
o ninguno de los dos, en función de la presencia de escaleras
de algún tipo. Lo cierto es que las escaleras no abundan en los
hallazgos que he realizado en la comarca cebrereña, lo que viene
a ser la comarca de la Tierra de Pinares y las zonas colindantes de
Gredos occidental.
La división del altar «tipo Cebreros», a su vez,
en los subtipos «Cebreros A» y «Cebreros B»,
viene dada por el tipo de ídolo representado. El tipo A se adecúa
a lo que he venido a llamar ídolos de cuello alto o cuello largo,
que parecen representar a un ave o un reptil. El tipo B se refiere a
ídolos de cuello bajo o cuello corto, compatibles con mamíferos
cuadrúpedos, si bien el esquematismo de algunas representaciones
no permite ir mucho más allá, creo que sería complicado
precisar de qué tipo de cuadrúpedo se trata.
¿Qué son el Titán,
la Calavera y el Triángulo?
El Titán y la Calavera son dos estructuras icónicas
dentro de la Cultura de Cebreros. El Titán es una enorme roca
situada sobre un promontorio de piedras ciclópeas que le sirve
de gran peana, elevándose cerca de 20 metros sobre la base de
las piedras apiladas. Una roca que en uno de cuyos extremos parece representar,
en ciertas posiciones concretas, una faz, un rostro humano con rasgos
propios del gigantismo, grandes pómulos y mentón pronunciadísimo,
mueso, formando un ángulo recto casi perfecto entre la parte
inferior de la boca y el inicio del cuello. Visto del único perfil
que tiene (cabe decir que las representaciones escultóricas en
piedra de esta Cultura no son simétricas, sólo tienen
un perfil tallado, siendo anicónico el opuesto), parece tener
sobre la cabeza un enorme y alargado casco que, como digo en el libro,
se asemeja al casco de un contrarrelojista. Qué es o qué
representa constituye un gran misterio. Para algunos, puede que no sea
una imagen humana. Yo tengo muy claro que lo es. En todo caso, no se
puede albergar ninguna duda de su tallado humano ni de su ubicación
asentada sobre otra roca con la que casa perfectamente, como dos figuras
de Lego. Es algo enigmático y que puede formar parte de la imagen
más representativa de esta Cultura si esto se pone en valor como
creo que podría pasar, a tenor de su belleza, su misterio y su
enorme singularidad. De hecho, aparece en la portada del libro.
La Calavera es una representación de unos ojos mediante unas
casi perfectas oquedades que generan la sensación de un cráneo
humano. Son ojos almendrados insertados en una calavera con cierta forma
de pera invertida. Todos aquellos deseosos de emociones alienígenas
querrán ver un extraterrestre en la representación de
esta escultura increíble, no muy grande, que descubrí
el día en que localicé este emplazamiento mágico.
Se sitúa a los pies del Titán. Un lugar donde casi se
podría sentir un estremecimiento atávico, sin duda un
lugar especial en el pasado, donde ubico además un poblado y
una necrópolis próxima. Vi las oquedades, pero mi padre,
con el que también iba aquel día, y que de alguna forma
es codescubridor de este extraordinario escenario, vio -con su gran
visión espacial- la forma de unos ojos, que apenas emergían
del suelo, y el contorno de una cara. No he querido ver qué hay
debajo, si tiene continuidad en algún tipo de cuerpo o todo queda
en el cráneo, entre otras cosas para preservar el «anonimato»
del predio, de este escenario telúrico que me aporta tanta energía
cuando lo visito.
El Triángulo es la otra gran pieza enigmática de la Cultura
de Cebreros. Un triángulo de unos tres metros de alto, casi isósceles,
se yergue en un abismo de roca encajado en una abertura transversal.
Junto a él, una piedra cortada en forma de fino tabique separa
dos ambientes en la raja sobre la que apoya el triángulo, justo
donde la falla es más ancha. A mí me parece una creación
humana ese carril excavado, o al menos horadado a partir de una abertura
natural. Su carácter anicónico, es decir, no icónico,
pues no representa a persona o animal alguno, lo convierte en un betilo
o monolito de función desconocida. Mi padre también aventuró
la posibilidad de que se tratase de un observatorio astronómico,
incluso de algún tipo de reloj solar o gnomon, y formuló
la interesante hipótesis de que el monolito triangular pudiera
ser desplazado a lo largo de la abertura transversal. Esta tesis la
he hecho mía porque creo que es la más plausible, partiendo
de la base de que todo en él es un misterio, un maravilloso enigma
en un lugar donde un mal paso te puede condenar a una caída fatal
a un abismo pétreo. En cualquier caso, y sea lo que sea, debemos
tener la humildad de reconocer el desconocimiento de aquello para lo
que se cinceló, constituyendo tal vez el ítem más
enigmático de una Cultura llena de sorpresas.
¿Cómo son los santuarios
acuáticos que menciona en su libro?
Menciono un altar encaramado en un cortado rocoso de granito que
se precipita directamente sobre un arroyo del Alberche, en lo que podría
ser algún tipo de lugar de ofrendas donde el líquido elemento
jugase un destacado papel. No he podido hallar algún otro santuario
de similares características que corroborase la existencia de
un modelo a destacar.
En pleno siglo XXI aún sigue
siendo un enigma la extraordinaria dificultad de transporte y ulterior
colocación de esas grandes piedras ¿qué opina usted
al respecto?
Creo que no se sabe con certeza cómo se pudieron acoplar
estas grandes rocas, a veces desplazadas desde la cantera muchos kilómetros,
los expertos siguen conjeturando sobre las técnicas que se emplearon,
algo que es mucho más conocido en el antiguo Egipto. Tal vez
sogas, taludes arenosos, troncos de árboles, gigantes forzudos
o extraterrestres, todas las hipótesis se ponen sobre la mesa
cuando hablamos de la Prehistoria, un territorio lleno de enigmas, de
nieblas y de fantasías. Este es uno de sus principales encantos.
¿Por qué cree que es
una cultura inédita, nueva, desconocida hasta la fecha?
Considero que es una nueva cultura por el carácter inédito
del tipo de altar o santuario al conllevar un ídolo o tótem,
normalmente zoomorfo, pero puede que también antropomorfo en
los dos casos de los que hablo en Ídolos de Piedra. Y no es por
el simple hecho de hallarse un ídolo junto al lugar de ofrendas,
sino que creo que este tótem nos da a entender que este pueblo
no tenía dioses etéreos, inanimados o basados en las fuerzas
de la naturaleza. Tampoco adoraban dioses humanizados, como los celtas
Vaélico, Cernunnos o Ataecina. Se trataba de dioses animales
a los que se ofrecían ofrendas normalmente con animales previamente
desangrados, en rituales perfectamente orquestados por un chamán.
Y, por tanto, es una forma distinta de mirar al mundo, un pueblo con
diferentes creencias en cuyo inconsciente colectivo ciertos animales
se hallaban en la cúspide de la consideración religiosa.
¿Qué significa para usted
la figura del chamán?
Sacerdote, brujo, chamán, hieróscopo, nigromante
Dedico buena parte de un capítulo a estudiar la figura del oficiante
de las ceremonias de holocausto para ofrecer ofrendas de sangre a los
dioses, a lo largo del devenir de la humanidad. El chamán me
parece la figura clave que da sentido a los acontecimientos que mediaron
en estos altares, y el único heraldo de los dioses, el personaje
que conectaba el mundo terrenal con el espiritual y operaba en ambos
mundos. Ahí están los asientos excavados en la roca, de
los que he hallado abundantes muestras expuestas en este ensayo, como
testigos silenciosos de su poder religioso que, aunque efímero
en el tiempo, representaba la élite social en un mundo marcado
por la incertidumbre. El chamán aportaba certidumbre al aplacar
a las deidades coléricas mediante el regalo en forma de sacrificio.
A pesar de ser un tema tan especializado,
llama la atención el lenguaje cuidado y ameno de su obra. Es
llamativa la cita del poeta Gerardo Diego que abre una parte del libro:
«Prostérnate en mi altar si eres hispano. Si de otras tierras,
mira, admira y calla». Realmente es llamativa la riqueza arqueológica
de España, ¿verdad?
Bueno, respeto mucho la figura del escritor y no me considero
tal en sentido estricto. Simplemente, intento acercarme a la literatura
a través de esta obra cuya génesis y desarrollo me ha
ilusionado durante estos años, animado por la importancia que
presupongo a los hallazgos contenidos en él. Admiro la lengua
española y sus enormes recursos, y no me gustaría que
se dijera que no la he tratado bien, con mis naturales limitaciones.
La referencia a grandes poetas en mis dos libros publicados es una constante.
Creo que la poesía es una extensión del alma en el manuscrito.
No siempre es fácil comprenderla y mucho menos aún crearla,
pero casi siempre es síntesis del pensamiento más profundo
de un poeta o poetisa inteligente que sabe, con pocas palabras, llegar
a lo más fino del ser, como en ocasiones lo consigue también
la buena música.
Gerardo Diego tiene una significación especial para mí,
pues dio clase a mi madre en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid.
Es uno de los grandes poetas de la historia de España, y estos
versos extraídos de su obra Tresmares creo que se insertan en
lo que, en esencia, constituye el tuétano de este ensayo de investigación.
En mi cabeza imagino a extranjeros admirados por la grandiosidad de
los santuarios hispánicos pertrechados con ídolos de piedra
que miran desafiantes a todo aquel que se aproxima.
En cuanto a la riqueza arqueológica de España, ¿qué
decir? Debe haber pocas naciones con una riqueza semejante. Excepciones
hechas de Italia, Grecia, Perú y alguna más, no hay lugar
con una concentración de culturas equiparable. Aquí han
estado todos. Hay ciudades aún sin descubrir en suelo español,
todo un reto para la arqueología moderna, ahora más capaz
con las nuevas herramientas de detección de yacimientos no invasiva
como el Lidar.
¿Qué extensión
superficial cree que tiene la Cultura de Cebreros? ¿Se supedita
a la provincia de Ávila o excede sus límites?
Pienso que se extiende en el tramo medio de la cuenca del río
Alberche a su paso, sobre todo, por Ávila. Se puede hacer extensivo
a sus arroyos tributarios y provincias limítrofes, si bien existen
otras muestras en zonas remotas, como Galicia, por lo que no sería
descartable una mayor amplitud espacial de la Cultura de Cebreros.
El controvertido tema de los sacrificios
humanos, al que le dedica una parte relevante de uno de los capítulos,
¿por qué razón lo ha destacado?
El sacrificio humano ha existido siempre desde que el hombre es
hombre. Me limito a recoger, en la parte introductoria del libro, un
amplio repertorio de testimonios que nos han llegado en distintas culturas
de diferentes lugares del planeta. Es evidente que en sociedades donde
impera el «buenismo» tal vez no sea el mejor tema a considerar,
pero se antoja necesario porque realmente tuvo lugar. Sin entrar en
sensacionalismos, debió ser poco frecuente en comparación
al sacrificio animal, sin embargo, existió en lo que ahora es
la Península Ibérica, como dan fe los historiadores grecorromanos.
Y no podemos descartar que se practicasen en los santuarios que recojo
en el libro, tanto en los que presentan ídolo como en aquellos
altares clásicos.
¿Qué repercusión
puede tener este hallazgo absolutamente inédito? ¿Ya se
ha puesto en contacto con usted la Junta de Castilla y León u
otra organización para desarrollar sus investigaciones y protegerlas?
Pienso que es inédito a nivel de los grandes especialistas
en materia de piedras sagradas. Hasta hace pocas décadas no ha
comenzado a tener interés este tipo de monumentos, muy desconocidos
aún hoy día para el gran público. Tal vez sea mejor
así, porque las aglomeraciones no traerían nada bueno
a tan frágiles piedras, agrietadas por el caer de los milenios
sobre ellas, ya no aguantan el paso del tiempo sobre sí. Yo tengo
sentimientos encontrados al respecto, porque cuando visito estos emplazamientos
los siento como míos, y sé que con la publicación
de este libro todo esto es muy probable que cambie, no sé si
a peor o a mejor. Pero había que sacarlo a la luz, he esperado
demasiado tiempo intentando completar el libro con más hallazgos.
Pero a nivel local hay personas como yo que han vislumbrado rocas en
el entorno, incluso han escrito algunas pequeñas publicaciones.
En lugares como Cenicientos, Cadalso de los Vidrios, San Martín
de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa, Almorox y algún otro pueblo,
se encuentran muestras de la misma cultura. Y estas personas se han
«adelantado» a mis hallazgos de forma puntual, pero no en
la ingente cantidad de muestras que presento en este libro, así
como tampoco en la magnificencia de los ídolos presentados, en
mi humilde opinión. Además, lo principalmente novedoso
de esta obra y que constituye su leitmotiv es el hecho de emitir la
hipótesis de una cultura nueva, que además no tiene que
ver nada con etapas celtas, como estos trabajos indican, siempre desde
mi punto de vista. Yo lo sitúo bastante más atrás
en el tiempo, en el tránsito de la Edad de la Piedra a la Edad
de los Metales, probablemente en el Neolítico Medio o Tardío,
como comentaba anteriormente, en el suave despegue hacia el Eneolítico
o Calcolítico, incluso creo en la continuidad temporal en su
fabricación. Es probable que durante milenios este pueblo se
ocupara de erigir estos ídolos. Se aprecian una evolución,
un perfeccionamiento técnico y un aumento del realismo en algunos
tótems.
En cuanto a las autoridades públicas, de momento no ha habido
lugar a que ninguna autoridad en la materia se ponga en contacto con
nosotros. Hemos comenzado a contactar con expertos en arqueología
prehistórica, a la espera de ver la acogida de estas manifestaciones.