
En el prefacio, menciona que algunas
estampas fueron cinceladas con material extraído de los
pliegues de la memoria. ¿Cómo fue el proceso de
recuperar y dar forma a estos recuerdos?
Los recuerdos están ahí, en la alacena de la memoria,
en las cavidades del corazón. Uno se puede servir de ellos mientras
perduren. Son variopintos, heterogéneos, en ocasiones recreados.
He querido, con todo, no falsear lo que vi, oí o sentí.
En contra de lo que predica Arcadi Espada de los recuerdos, no he querido
despojar la narración de la pelusa de la vida..
Menciona a Funes el memorioso. ¿Qué
papel juega la memoria en su escritura y cómo se asegura de que
sus recuerdos sean fieles a la realidad?
La facultad de fabular y la de ensamblar recordaciones, las
de amar y pensar y, ante todo, la gratitud son la esencia de nuestra
existencia; como seres vulnerables desde la gestación hasta la
vejez, en la enfermedad y en la salud. Los recuerdos, en cambio, sí
son inexpugnables en su castillo hecho de tiempo pretérito, indestructible.
También la escritura, incluso la de ficción, se convierte
para cualquier lector potencial en vivero de memoria. En lo que hace
al género que se denomina como memorialismo, hay
que admitir que resulta difícil renunciar a una doble tentación,
la de disimular y la de adornarse en las vivencias. If the legend
becomes fact, print the legend, reza una de las frases ilustres
del cine, esculpida en mármol. Pero la grandeza que verdaderamente
emociona es la del antihéroe, la de John Wayne as Tom Donihon
en El hombre que mató a Liberty Valance; la del hombre
discreto que se lleva sus secretos a la tumba, aquel al que el Señor,
que ve en lo secreto, le recompensará.
El libro parece explorar temas como
la identidad, la nostalgia y el paso del tiempo. ¿Cómo
describiría su estilo literario; y qué mensaje principal
espera transmitir a sus lectores?
Me conformo con perdón con compartir la complicidad
del humor, la sintonía cordial de la música y algún
atisbo de luz poética.
El libro tiene un tono reflexivo y
a veces nostálgico. ¿Cómo describiría su
estilo literario y qué busca transmitir a través de él?
Lo ligero y lo profundo se dan la mano. ¡Cima de la
delicia! Todo en el aire es pájaro son dos versos de Jorge
Guillén que reúnen a mi modo de ver esa conjunción
de sustancia y forma que es deleitosa para los sentidos y aviva la razón.
No aspiro a surcar tan altos cielos; junto a las palabras y juego.
¿Podría citar alguna
persona en particular que haya conocido en Nueva York y que haya dejado
una huella en usted?
El cardenal arzobispo Timothy Michael Dolan. Quien lo haya conocido,
no me desmentirá: una fuerza de la naturaleza, una roca, un alcázar,
un exégeta de las escrituras penetrante y agudo y un torrente
de humor excelso.
El prólogo lo firma, Chencho
Arias, conocido diplomático que dice de usted: Javier Sanabria
domina, con no poca ironía, el uso del verbo y del adjetivo.
Los maneja, y sorprende, con imaginación y una precisión
a la que uno no está acostumbrado y que te obliga, como con un
buen vino, a detenerte un segundo para paladear la palabra o la idea.
He disfrutado con ello en varios pasajes del libro.
Realmente, Inocencio Arias ha captado muy bien la idea y forma de su
libro. ¿Qué sintió al leer esta crítica?
Una inmensa gratitud por su generosidad. Me atreví a pedirle
al Embajador Arias el prólogo, porque en su carrera reunió
dos condiciones relevantes para este libro: había sido por dos
veces Director General de la Oficina de Información Diplomática
(departamento de donde partió la iniciativa del blog
neoyorquino), y fue por cuatro años Embajador de España
ante las Naciones Unidas. Su aceptación y sus palabras han sido
un gran regalo.
Como diplomático, ha estado
destinado en Kinshasa, en Quito, en la Representación Permanente
de España en la Unión Europea, en Praga, en la Misión
Permanente de España ante las Naciones Unidas en Nueva York y
en Varsovia. Mirando hacia atrás, ¿qué es lo que
más echa en falta de estas ciudades, a cuál regresaría?
Lo cierto es que puedo decir conmigo van, que mi
corazón os lleva, como Antonio Machado dijo de los campos
de Soria. De Kinshasa echo en falta sus árboles y el río
Congo a su paso por el barrio residencial de la Gombé; de Quito,
las faldas del Pichincha y la plaza de San Francisco; de Bruselas, el
fragor del mercado de Stockel un sábado por la mañana,
Notre Dame du Sablon y a Rosa Díez encabezando la delegación
socialista española en el Parlamento Europeo. Guardo en lugares
preferentes el puente de Carlos, el cementerio judío y la calle
Pariszka en Praga; el Upper-West, el Met y la Quinta Avenida en Nueva
York; y el parque Lazienki y la columna del rey Segismundo III Vasa
en Varsovia.
Me gustaría regresar a Nueva York para el desfile de Pascua
y, ya puestos a soñar, pasear arriba y abajo la avenida frente
a San Patricio junto con Fred Astaire y Judy Garland.
Además, empezó su carrera
en la Dirección General de Seguridad y Desarme (1989-1993), fue
asesor en el Gabinete del secretario de Estado de Cooperación
Internacional (1996-1999), subdirector general para los Asuntos de Justicia
en la Unión Europea y Organismos Internacionales del Ministerio
de Justicia (2008-2010), director general de Naciones Unidas y Derechos
Humanos (2015-2017), asesor en la Escuela Diplomática (2022-2024)
y, actualmente, en la Dirección General de Políticas de
Desarrollo. Tiene un curriculum impresionante, ¿cuál es
el puesto con el que más ha disfrutado o ha sentido que su vocación
como servidor de España ha sido más fructífero?
Todos han sido lecciones de vida y de oficio gracias a las personas
que se cruzaron, algunos de manera tangencial, en mi camino: desde Zenón
a Mme. Barbarin; de Patricia Espinosa a Allan Mendoza; de Philippe Mawet
a Jean-Claude Piris; de Antonio Rivas a Vaclav Havel; de Juan Antonio
Yáñez a Carmen, la señora de la limpieza; y luego
vinieron las Anias, las Malgorzas y las Kasias, los Marcin, los Piotr
y el gran Robert Bartold, mi ángel de la guarda en Polonia.
En cinco palabras, ¿por qué
escribe?
Con el rabo mato moscas.
Y también en cinco palabras,
¿qué es ser un diplomático?
Representar dignamente a tu patria.