Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, nº167
I.S.B.N: 979-13-87751-72-2
168 páginas 17,50 €
Poemas y textos seleccionados por Ángela Reyes
Nada se apaga completamente si hay una mano
que azuza las candelas del recuerdo.
A través de estas páginas, Ángela Reyes nos invita
a navegar de la mano de Juan Ruiz de Torres (19312014), un creador
que dedicó medio siglo de su vida a servir fielmente a la poesía.
Esta antología reúne los frutos de una existencia enriquecida
por el trabajo, los viajes, los encuentros fraternales y una nutrida
obra de medio centenar de libros.
Adentrarse en su legado poético es descubrir un elemento que
late de forma constante: el agua. Desde el inmenso y poderoso océano
hasta la humilde gota de lluvia, el poeta construye un mundo tierno
y flotante donde los mares, los ríos y los pozos se convierten
en refugio. Alejado de los grandes desasosiegos y las tormentas humanas,
su verso prefiere la calma y la nostalgia con especial devoción
por aquel mar Egeo que marcó su alma durante los años
vividos en Grecia, sin olvidar guiños lúdicos como
los poemas en colaboración junto a entrañables amigos.
En este libro, los mares a los que cantó Juan Ruiz de Torres
no conducen al silencio, sino al umbral de la música y de la
palabra sonora: un verso navegable, fiel reflejo de la vida que vivió
y nos dejó escrita.
Juan Ruiz de Torres

Madrid, julio 1931. Madrid, abril 2014.
Doctor Ingeniero Industrial. Doctor en Filología Hispánica.
Licenciado en Informática. Hablaba cinco idiomas.
Fundador de los ateneos de Colombia, Chile y Grecia. Fundador de la
Asociación Prometeo de Poesía de Madrid, institución
cultural con la que realizó bienales, ferias de la poesía
y encuentros lusos-españoles. En el programa de acercamiento
de la poesía a los jóvenes, dio charlas y recitales en
diversos Institutos de la Comunidad de Madrid. Durante quince años
dirigió desinteresadamente el Taller Prometeo de Poesía.
Publicó una cincuentena de libros entre poesía, narrativa
y ensayo.
Director de las revistas literarias Cuadernos de Poesía Nueva,
Valor de la palabra y La pájara pinta. Creador de
la estrofa poética la Decilira.
Junto al ingeniero José Javier Márquez realizó
el Inventario Relacional de la Poesía Española (una base
de datos con información sobre 5.000 poetas de habla española).
Creó y dirigió durante veinte años el premio de
poesía Encina de la Cañada.
Por su trayectoria literaria, fue distinguido en 2004 con el premio
Internacional José Vasconcelos, concedido por el Frente de Afirmación
Hispanista (México). En el 2007 se le concedió la Medalla
de la Ciudad de Villanueva de la Cañada.
SIEMPRE DELFOS
Agua, piedras. Virgen agua
que un azul intenso tiñe
sobre el golfo; blancas piedras,
que tras lentos siglos gimen.
Sin pausa, clava el cielo
su atroz puñal. Y el hombre
apenas brasa, apenas
afán de sol se esconde.
Mágicas ruinas, insólitas
aras en sombras nostálgicas;
todo es en Delfos letárgico
entre las músicas áfonas.
Se empinan los viejos castaños
buscando a los héroes, la fuente
Castalia devuelve los ecos
perdidos, el tiempo se duerme.
Contemplad esta tierra, que esconde
las moléculas de aquél que se fue;
sacerdote, guerrero... Quizás
de un asceta o un pálido rey.
Y el poeta, solo entre torpes turistas, busca el silencio,
descubre en el suave compás de los riscos esa certeza,
esas magníficas voces que llegan con viento de siglos,
y en ellas se empapa y se esponja, y ellas piadosas lo encierran.
MUERTE DE UNA FLOR EN LANZAROTE
A Jorge Guillén
La luz junto a la luz. Abajo, sombra.
Al rumor del crecer, la flor se estira
renueva cielo el Sol; vive, respira.
Afirma la estatura que la nombra.
Un mar de espigas secas. Una alfombra
de pómez sobre un lago que es mentira.
El halcón, siempre abierto, gira y gira.
Un volcán de ceniza el campo escombra.
La flor, ya con esfuerzo, se endereza.
Duele vivir. Se dobla su cabeza.
No logra iluminar su corto aliento.
A golpes de amargura, a paso vivo,
se muere porque sí. Y antes cautivo,
su polen, al fin libre, se da al viento.