Entrevista a Seli Ka UNA LANCHA MOTORA

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Entrevista a SELI KA
sobre su poemario"Una lancha motora"
"Simplemente la belleza por la belleza"
UNA LANCHA MOTORA. Entrevista a Seli Ka

—El título, "Una lancha motora", sugiere un plan de escape, un ahorro para largarse. ¿De qué huye Seli Ka a través de este poemario? ¿Es el libro esa embarcación o es solo el motor que nos permite seguir navegando en el caos?
—Ante todo, huyo del secuestro del trabajo. Pero también de mí misma, de mi casa, de mi ciudad. Sé que la necesidad de estar buscando siempre ''otra cosa'' forma parte de mi carácter y en realidad trato constantemente de bajar a tierra y valorar lo que ya tengo, que es muchísimo y muy bueno. Paso muchas horas regodeándome en el pensamiento fantástico, y es algo divertido pero también causa dolor y una sensación constante de insatisfacción. Me intento acordar mucho de un grafiti que vi una vez que simplemente resume todo esto y que me ayuda a aterrizar, decía: ''Lo real resiste''.

El poemario fue escrito a lo largo de varios años y casi todos los poemas se relacionan con ese impulso de huida, ya sea porque han sido escritos estando de viaje o fuera de la ciudad en la que vivo, o por ser escritos pensando en escapar de donde estoy: casi siempre secuestrada en algún trabajo aburrido. Pero esa huida no tiene que ver solo con buscar otra cosa por mero capricho individual -que también- sino con una necesidad urgente y vital: este mundo no basta, a este mundo le faltan belleza y justicia, y le sobran tremendos horrores. Tenemos que ir hacia otro.

—Vienes del mundo del hip-hop y del Poetry Slam, donde el texto nace para ser escuchado y "escupido". Al escribir "Una lancha motora", ¿sentiste la necesidad de bajar las revoluciones para el papel, o buscabas que el lector sintiera ese mismo beat interno al leerte en silencio?
—No busco nada en concreto cuando escribo poesía. En realidad, solo participé en un Slam allá por 2021. El formato de la poesía es distinto al del rap y ofrece otras cosas, es una experiencia más íntima e interpretable. Los poemas tienen ritmo y estructuras concretas y puede ser que quien los lea sienta un movimiento interno similar al que sienten cuando escuchan un beat, sobre todo si lo leen en voz alta, pero yo no pienso en nada de eso cuando estoy escribiendo un poema, ni busco un efecto concreto. Cuando escribo rap sí lo pienso. Mi manera de escribir poesía es mucho menos organizada y metódica, y creo que esto tiene que ver con no buscar la rima. Tampoco creo que sea algo necesariamente bueno no tener un método, pero es como lo llevo haciendo todos estos años. Lo mismo me ocurre con intentar escribir con regularidad. He desistido en la idea de escribir diaria o semanalmente. Puedo pasar muchas semanas sin escribir nada y en tres días atiborrarme. No quiero que mi relación con la escritura se llene de normas y exigencias, así que lo dejo estar. Cuando consigo escribir algo que considero ''bueno'', le doy unas cuantas vueltas y a veces lo comparto con algunas personas con buen criterio para que lo intervengan si estoy bloqueada. Me gusta colectivizar lo que escribo y así le quito peso. El halo sagrado que rodea a la poesía está bien, pero no hay que creérselo tanto.

En tus poemas, el cuerpo no es algo idílico; es algo que suda, que se lesiona, que va al gimnasio y que sufre bajas laborales. Como actriz formada en Teatro del Gesto, ¿cuánto hay de "puesta en escena" física a la hora de construir tus versos? ¿Escribes con la mano o con todo el cuerpo?
—El cuerpo es central y hay una fijación, sí. Hay que poner todo el cuerpo, siempre, en todo. Si no, ¿cómo? No veo otra forma. En general, existe cierto masoquismo en mi expresión creativa. Hablo del dolor, del placer, del deporte, del movimiento, de la exhibición y de la autolesión porque desde ahí existo y desde ahí me pongo en valor. Creo que la intelectualidad parte de ahí, de entender el cuerpo como canal para la experiencia del vivir. Y sí, es cierto que algo así como la idea de lo escénico se me aparece en ocasiones cuando estoy escribiendo: pensar en el espacio, el cuerpo y el movimiento en el poema. Hay una tendencia a dramatizar o representar estéticamente. En fin, no sé. Supongo que hay una cuestión de género también: ser mujer y poner el cuerpo, sus problemas y sus trucos en el centro de la creatividad. Es lo que hay.

Hablas de llorar en el gimnasio, de monitores de pesas y de pastilleros rosáceos. ¿Es la poesía el último refugio para lo que la sociedad etiqueta como "fracaso" o "vulnerabilidad"? ¿Por qué te interesa tanto lo que ocurre en los márgenes de la productividad?
—Creo que la potencia crítica y creativa reside en los márgenes, en los límites de lo permitido, de lo moral, de lo normal. Y también creo que lo vulgar y lo cotidiano es oro para el desarrollo del pensamiento en general. El gimnasio me inspira muchísimo, voy bastante, soy una más y me encanta, pero considero que sigue siendo un lugar productivo. Este espacio me ha dado para escribir y pensar muchísimo. Creo que esa inspiración tiene que ver primero con algo físico, con poner el cuerpo en movimiento y dejar libre la cabeza para que afloren frases, pensamientos; pero también con observar y entender este espacio como un lugar de socialización complejo que es reflejo del mundo, en realidad. Tuve una época de mucho ensimismamiento creativo pero últimamente mi mirada se posa bastante más en lo que ocurre afuera de mí misma para escribir.

Pensar en la poesía como refugio me parece acertado, para mí lo es. Creo que es un oasis y una madriguera de resistencia ante el momento de hiperaceleración que vivimos. Leer poesía requiere un estado que es en sí, anticapitalista: atención, pausa, activación de la imaginación, silencio, comodidad. Lo mismo ocurre con la escritura: la contemplación y la dilatación del tiempo, la concentración, el fallo, la repetición, el reposo. Todo esto pertenece, en realidad, al proceso creativo de cualquier tipo de arte, y nada tiene que ver con la carrera de obstáculos hacia las ideas de éxito y autorrealización actuales. Es algo político, en realidad. Creo que todo lo que ocurre en los márgenes de la productividad, aquello a lo que no le buscamos un fin sino que es un fin en sí mismo, eso es lo que interesa y lo que completa la vida. El objetivo sería, para mí, no buscar rentabilidad a cada cosa que ocurre en el día (es difícil, yo lo hago). Simplemente la belleza por la belleza.

Mencionas en un poema a un chaval con el nombre de Gloria Fuertes tatuado en el pecho. ¿Te sientes heredera de esa estirpe de poetas que bajaron la poesía a la calle, sin miedo a ser entendidas por todo el mundo?
—No me siento heredera de ningún tipo de estirpe, para ser sincera. Supongo que rapear y desenvolverme en entornos culturales y sociales alternativos (por ocio, por afinidad política) hace que mis creaciones se dirijan o hablen desde ese lugar. Yo vengo de ahí y desde ahí hablo. Mi primer poemario, Si yo fuera una asesina, tiene mucho más del ambiente desordenado y punk de mi primera juventud y la editorial en la que fue publicado, Inflamavle, apostaba por la escritura de contracultura y congregó en sus publicaciones una lista de autorxs variopintos y subalternos. También me siento cómoda en el entorno académico, para mi suerte o desgracia, llevo unos años matriculada en diferentes estudios universitarios y cumpliendo a rajatabla con lo que se espera de una estudiante aplicada. Creo que hay que saber colarse por todas las rendijas, y aunque todas entendemos y despreciamos las oscuridades de la academia, lo cierto es que me desenvuelvo con facilidad y gusto en ese entorno. Desde luego que este ambiente ha hecho aflorar mi creatividad, ya sea por el conocimiento que he ido adquiriendo sobre literatura y el entrenamiento en la investigación y la escritura, o por el aburrimiento en algunas clases que me empuja a escribir para combatir el sueño.

Para terminar, dinos: si este poemario fuera un disco de hip-hop o una obra de teatro, ¿en qué escenario te gustaría que se representara (o pinchara) para que el mensaje llegara a quienes más lo necesitan?
—De hecho, este poemario pretende ser el germen de una pieza escénica. No sé, pero sin duda tendrá que ser un espacio rodeado de caballos. El caballo, como la lancha, representa ese elemento de escape: coger una lancha para dejarlo todo, ser un caballo y cambiarlo todo. La huida, la potencia, la belleza, la quietud. Estaría genial que alguien tuviese la sensación de haber colmado la necesidad de leer este libro al acabarlo, una necesidad que quizás no sabía que tenía. Eso sería estupendo, pero si no, no me acomplejo.

¿Con qué personaje histórico te irías de cañas?
—Con Pasolini, sin ninguna duda.




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