
El título, "Una
lancha motora", sugiere un plan de escape, un ahorro para largarse.
¿De qué huye Seli Ka a través de este poemario?
¿Es el libro esa embarcación o es solo el motor que nos
permite seguir navegando en el caos?
Ante todo, huyo del secuestro del trabajo. Pero también
de mí misma, de mi casa, de mi ciudad. Sé que la necesidad
de estar buscando siempre ''otra cosa'' forma parte de mi carácter
y en realidad trato constantemente de bajar a tierra y valorar lo que
ya tengo, que es muchísimo y muy bueno. Paso muchas horas regodeándome
en el pensamiento fantástico, y es algo divertido pero también
causa dolor y una sensación constante de insatisfacción.
Me intento acordar mucho de un grafiti que vi una vez que simplemente
resume todo esto y que me ayuda a aterrizar, decía: ''Lo real
resiste''.
El poemario fue escrito a lo largo de varios años y casi todos
los poemas se relacionan con ese impulso de huida, ya sea porque han
sido escritos estando de viaje o fuera de la ciudad en la que vivo,
o por ser escritos pensando en escapar de donde estoy: casi siempre
secuestrada en algún trabajo aburrido. Pero esa huida no tiene
que ver solo con buscar otra cosa por mero capricho individual -que
también- sino con una necesidad urgente y vital: este mundo no
basta, a este mundo le faltan belleza y justicia, y le sobran tremendos
horrores. Tenemos que ir hacia otro.
Vienes del mundo del hip-hop y del
Poetry Slam, donde el texto nace para ser escuchado y "escupido".
Al escribir "Una lancha motora", ¿sentiste la necesidad
de bajar las revoluciones para el papel, o buscabas que el lector sintiera
ese mismo beat interno al leerte en silencio?
No busco nada en concreto cuando escribo poesía. En
realidad, solo participé en un Slam allá por 2021. El
formato de la poesía es distinto al del rap y ofrece otras cosas,
es una experiencia más íntima e interpretable. Los poemas
tienen ritmo y estructuras concretas y puede ser que quien los lea sienta
un movimiento interno similar al que sienten cuando escuchan un beat,
sobre todo si lo leen en voz alta, pero yo no pienso en nada de eso
cuando estoy escribiendo un poema, ni busco un efecto concreto. Cuando
escribo rap sí lo pienso. Mi manera de escribir poesía
es mucho menos organizada y metódica, y creo que esto tiene que
ver con no buscar la rima. Tampoco creo que sea algo necesariamente
bueno no tener un método, pero es como lo llevo haciendo todos
estos años. Lo mismo me ocurre con intentar escribir con regularidad.
He desistido en la idea de escribir diaria o semanalmente. Puedo pasar
muchas semanas sin escribir nada y en tres días atiborrarme.
No quiero que mi relación con la escritura se llene de normas
y exigencias, así que lo dejo estar. Cuando consigo escribir
algo que considero ''bueno'', le doy unas cuantas vueltas y a veces
lo comparto con algunas personas con buen criterio para que lo intervengan
si estoy bloqueada. Me gusta colectivizar lo que escribo y así
le quito peso. El halo sagrado que rodea a la poesía está
bien, pero no hay que creérselo tanto.
En tus poemas, el cuerpo no es algo
idílico; es algo que suda, que se lesiona, que va al gimnasio
y que sufre bajas laborales. Como actriz formada en Teatro del Gesto,
¿cuánto hay de "puesta en escena" física
a la hora de construir tus versos? ¿Escribes con la mano o con
todo el cuerpo?
El cuerpo es central y hay una fijación, sí. Hay
que poner todo el cuerpo, siempre, en todo. Si no, ¿cómo?
No veo otra forma. En general, existe cierto masoquismo en mi expresión
creativa. Hablo del dolor, del placer, del deporte, del movimiento,
de la exhibición y de la autolesión porque desde ahí
existo y desde ahí me pongo en valor. Creo que la intelectualidad
parte de ahí, de entender el cuerpo como canal para la experiencia
del vivir. Y sí, es cierto que algo así como la idea de
lo escénico se me aparece en ocasiones cuando estoy escribiendo:
pensar en el espacio, el cuerpo y el movimiento en el poema. Hay una
tendencia a dramatizar o representar estéticamente. En fin, no
sé. Supongo que hay una cuestión de género también:
ser mujer y poner el cuerpo, sus problemas y sus trucos en el centro
de la creatividad. Es lo que hay.
Hablas de llorar en el gimnasio, de
monitores de pesas y de pastilleros rosáceos. ¿Es la poesía
el último refugio para lo que la sociedad etiqueta como "fracaso"
o "vulnerabilidad"? ¿Por qué te interesa tanto
lo que ocurre en los márgenes de la productividad?
Creo que la potencia crítica y creativa reside en los márgenes,
en los límites de lo permitido, de lo moral, de lo normal. Y
también creo que lo vulgar y lo cotidiano es oro para el desarrollo
del pensamiento en general. El gimnasio me inspira muchísimo,
voy bastante, soy una más y me encanta, pero considero que sigue
siendo un lugar productivo. Este espacio me ha dado para escribir y
pensar muchísimo. Creo que esa inspiración tiene que ver
primero con algo físico, con poner el cuerpo en movimiento y
dejar libre la cabeza para que afloren frases, pensamientos; pero también
con observar y entender este espacio como un lugar de socialización
complejo que es reflejo del mundo, en realidad. Tuve una época
de mucho ensimismamiento creativo pero últimamente mi mirada
se posa bastante más en lo que ocurre afuera de mí misma
para escribir.
Pensar en la poesía como refugio me parece acertado, para mí
lo es. Creo que es un oasis y una madriguera de resistencia ante el
momento de hiperaceleración que vivimos. Leer poesía requiere
un estado que es en sí, anticapitalista: atención, pausa,
activación de la imaginación, silencio, comodidad. Lo
mismo ocurre con la escritura: la contemplación y la dilatación
del tiempo, la concentración, el fallo, la repetición,
el reposo. Todo esto pertenece, en realidad, al proceso creativo de
cualquier tipo de arte, y nada tiene que ver con la carrera de obstáculos
hacia las ideas de éxito y autorrealización actuales.
Es algo político, en realidad. Creo que todo lo que ocurre en
los márgenes de la productividad, aquello a lo que no le buscamos
un fin sino que es un fin en sí mismo, eso es lo que interesa
y lo que completa la vida. El objetivo sería, para mí,
no buscar rentabilidad a cada cosa que ocurre en el día (es difícil,
yo lo hago). Simplemente la belleza por la belleza.
Mencionas en un poema a un chaval con
el nombre de Gloria Fuertes tatuado en el pecho. ¿Te sientes
heredera de esa estirpe de poetas que bajaron la poesía a la
calle, sin miedo a ser entendidas por todo el mundo?
No me siento heredera de ningún tipo de estirpe, para ser
sincera. Supongo que rapear y desenvolverme en entornos culturales y
sociales alternativos (por ocio, por afinidad política) hace
que mis creaciones se dirijan o hablen desde ese lugar. Yo vengo de
ahí y desde ahí hablo. Mi primer poemario, Si yo fuera
una asesina, tiene mucho más del ambiente desordenado y punk
de mi primera juventud y la editorial en la que fue publicado, Inflamavle,
apostaba por la escritura de contracultura y congregó en sus
publicaciones una lista de autorxs variopintos y subalternos. También
me siento cómoda en el entorno académico, para mi suerte
o desgracia, llevo unos años matriculada en diferentes estudios
universitarios y cumpliendo a rajatabla con lo que se espera de una
estudiante aplicada. Creo que hay que saber colarse por todas las rendijas,
y aunque todas entendemos y despreciamos las oscuridades de la academia,
lo cierto es que me desenvuelvo con facilidad y gusto en ese entorno.
Desde luego que este ambiente ha hecho aflorar mi creatividad, ya sea
por el conocimiento que he ido adquiriendo sobre literatura y el entrenamiento
en la investigación y la escritura, o por el aburrimiento en
algunas clases que me empuja a escribir para combatir el sueño.
Para terminar, dinos: si este poemario
fuera un disco de hip-hop o una obra de teatro, ¿en qué
escenario te gustaría que se representara (o pinchara) para que
el mensaje llegara a quienes más lo necesitan?
De hecho, este poemario pretende ser el germen de una pieza escénica.
No sé, pero sin duda tendrá que ser un espacio rodeado
de caballos. El caballo, como la lancha, representa ese elemento de
escape: coger una lancha para dejarlo todo, ser un caballo y cambiarlo
todo. La huida, la potencia, la belleza, la quietud. Estaría
genial que alguien tuviese la sensación de haber colmado la necesidad
de leer este libro al acabarlo, una necesidad que quizás no sabía
que tenía. Eso sería estupendo, pero si no, no me acomplejo.
¿Con qué personaje histórico
te irías de cañas?
Con Pasolini, sin ninguna duda.